Un momento del "estreno" en Theresienstadt de Brundibar - El abejorro-. |
Jacobo
Kaufmann
La gran farsa de Terezin
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Publicado en la revista Por Israel, El 17 de diciembre de 2012
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En mi artículo “Un emperador
en el gueto de Terezin” (RAÍCES,
número 77, año XXII, 2008-2009, págs. 14-19), mencioné principalmente las
actividades culturales y artísticas desarrolladas por los prisioneros judíos en
el gueto de ese nombre. Es cierto que también señalé en forma escueta las
innumerables penurias, humillaciones, torturas y asesinatos sufridos por los
mismos, y que ofrecí algunos datos estadísticos e históricos, pero ello me
parece hoy insuficiente. Aunque más no sea en forma sintética y dejando mucho
por contar en el tintero, se impone ahora, a fin de proveer información a los
lectores hispano hablantes sobre aspectos menos conocidos, una descripción más
detallada sobre la creación de este gueto, que fue en realidad un campo de
concentración, sus funciones, su manejo, y la publicación de los nombres de los
protagonistas de esta diabólica farsa, ideada y montada por los más altos
jerarcas nazis.
El gueto
A
fines del verano de 1939 Hitler, conjuntamente con Heinrich Himmler (1900-1945)
y Alfred Rosenberg (1893-1946), el más encumbrado “intelectual” nazi,
desarrollaron, a los efectos de una solución territorial temporal de la
cuestión judía, la idea de una zona de reserva judía (Judenreservat) en las cercanías de la ciudad de Lublin, que ya
había estado en la mira de los planificadores nazis desde 1930. En 1939, cuando
Alemania ocupó a Polonia, la zona de Lublin quedó dentro del así llamado Generalgouvernement, bajo el comando del
verdugo de Varsovia Hans Frank (1900-1946), quien el 25 de noviembre de ese año
propuso el envío de un millón de judíos a esa zona pantanosa de unos mil
kilómetros cuadrados, “donde pronto quedarán diezmados por inanición y
enfermedades”. Ello dio lugar a que Adolf Eichmann (1906-1962), entonces jefe
de la Oficina Central de Emigración
Judía para el Protectorado de Bohemia y Moravia, estableciera un campo de
tránsito, una especie de gueto, cerca de Nisko, dentro del mencionado distrito
de Lublin. Por motivos de organización los envíos de judíos fueron suspendidos
poco después. Cerca de allí se levantarían en cambio los campos de exterminio
nazi de Belzec, Majdanek y Sobibor.
Después
de la caída de Francia, el 15 de agosto de 1940, los líderes nazis volvieron a
plantear una solución territorial temporal de la cuestión judía en Madagascar,
a la sazón colonia gala, pero esa idea fue desechada bien pronto. Entre 1939 y
1940 los nazis iniciaron la reclusión de los judíos del centro y este europeo
en centenares de guetos pavorosos y asfixiantes.
El
10 de junio de 1940 la Gestapo toma control de la Kleine Festung (Fortaleza
Chica) de Terezin, estableciendo allí una prisión destinada a torturas y
ejecuciones al mando de Heinrich Jöckel (1898-1946). El 10 de octubre de 1941,
Reinhard Heydrich (1904-1942), seguramente uno de los más siniestros y cínicos
de los jerarcas nazis, el mismo que presidió la Conferencia de Wannsee en 1942, en la que fue decidida la solución
final de la cuestión judía por medio del genocidio, elige la fortaleza de
Terezin (Theresienstadt) como su sitio preferido para el “asentamiento” de
aquellos judíos austríacos, alemanes y checos mayores de 65 años, que fuesen
veteranos de la Primera Guerra Mundial, heridos o altamente condecorados, o que
gozaran de suficiente celebridad nacional e internacional, para poder
mostrarlos en caso de que se iniciasen indagaciones de otros países. Una semana
después se decide la creación del gueto, cuya función es definida claramente en
una reunión secreta, de la cual se conserva el protocolo, “como campo de
encerramiento y estación de tránsito hacia los campos de exterminio en el
este”. El 16, 21 y 31 de octubre, así como el 3 de noviembre ya habían salido
los primeros transportes, de cerca de mil judíos cada uno, desde Praga hacia
Lodz, y el 26 de noviembre otro en dirección de Minsk.
Heydrich
encarga la tarea de establecer y organizar el gueto de Terezin a la oficina IV
B 4 de la Gestapo, bajo la jefatura de Eichmann, y a Rolf Günther (1913-1945),
adjunto del mismo. El 30 de octubre Eichmann nombra al Dr. Siegfried Seidl
(1911-1947) comandante del nuevo gueto. Ya al día siguiente Seidl se presenta
ante Hans Günther (1910-1945), jefe de la Oficina
Central para la Emigración Judía en Praga, y ese mismo día sigue viaje hacia
Terezin, para coordinar con los jefes locales de la Wehrmacht el desalojo y
evacuación de los pobladores locales de los cuarteles. A continuación ordena a
la Comunidad Judía de Praga la
formación de un “comando de construcción” para la organización física del
gueto, integrado por 342 jóvenes, que son deportados a Terezin el 24 de
noviembre de 1941. A esta altura de los acontecimientos, en la comunidad judía
todavía hay quien opina que la rápida instalación del gueto Terezin evitará
otros transportes al este.
Seidl
y Karl Bergl, su temido y brutal lugarteniente, siempre armado de un garrote,
llegan a comienzos de diciembre. El 4 de ese mes Eichmann designa al líder
sionista de Praga, Jacob Edelstein (1903-1944) decano del Consejo de Ancianos Judíos, que será responsable de la ficticia
“administración autónoma” de Theresienstadt, y al ingeniero Otto Zucker
(1892-1944) como a su suplente, que son deportados allí ese mismo día juntos
con otro “comando de construcción”, que consta de unas mil personas. El 19 de
enero de 1942, un día antes de la Conferencia de Wannsee, Eichmann, acompañado
de Seidl y de Bergl, inspecciona el gueto, lo considera perfectamente adecuado,
y es elogiado por su visita en el parte diario de la SS.
El Consejo de Ancianos
Aquí
nos detendremos un poco, para aclarar cómo funcionaba el Consejo de Ancianos Judíos, sus atribuciones y limitaciones. En
apariencia era una especie de gobierno autónomo que debía ocuparse de todos los
aspectos técnicos, médicos y sociales del gueto, como los repartos de comida,
los alojamientos de los reclusos, agua, canalización, electricidad, higiene,
salud pública, combate de epidemias, tratamientos contra piojos, pulgas y
roedores, orden público, etc. Bajo las órdenes directas del decano se encontraban
la Ghettowache (guardia civil del
gueto), la sección de investigaciones, y el “banco del gobierno autónomo judío”
El Consejo también tenía a su cargo y era responsable de toda una serie de
tareas administrativas, entre ellas la publicación de ordenanzas, redacción de
partes diarios, censos de población, informes sobre los integrantes de los
transportes ingresados a Terezin, y confección de las listas de deportados a
los campos de exterminio del este. A los ojos de la población del gueto, este Consejo,
y mucho más aún su decano, que debía designar a sus miembros personalmente,
tenían la imagen de personas todopoderosas. En realidad todas las órdenes y
decisiones provenían del comandante del Lager, y de sus superiores en Praga,
Viena y Berlin. (En alemán la palabra Lager puede significar no sólo campo o
campamento, sino también depósito de mercaderías y desechos, o recinto de
almacenamiento). Seidl, el Lagerkommandant,
y los comandantes que le siguieron, daban todas sus órdenes en forma verbal, y
los decanos del Consejo de Ancianos debían ejecutarlas y ponerlas por escrito.
Con ello los comandantes y la SS no se comprometían a nada, se quitaban de
encima responsabilidades, y en apariencia se mantenía la autonomía de los
judíos. La dictadura de la SS era a la vez ilimitada y encubierta. Nunca mostró
o entregó a nadie documento oficial alguno u órdenes escritas, escondiéndose
siempre, como una especie de oráculo, detrás de las autoridades judías. Con
ello la SS también se ahorraba mucho trabajo. Los comandantes evitaban el
contacto directo con los prisioneros. Para éstos, los decanos eran sus personas
de referencia, a veces para bien y mayormente para mal. Todas las desgracias
parecían provenir del Consejo de Ancianos y de su decano, y éste, a pesar de toda
su buena voluntad y esfuerzos para el bienestar y seguridad física de los
prisioneros, se convertía en blanco de críticas feroces, injurias, maldiciones,
acusaciones y calumnias. Por otra parte la SS se encargaba diariamente de
confrontar al decano con su propia impotencia y desmayo, de minar su
resistencia física y mental, y al mismo tiempo de mantener en público su
ficticia imagen de poder.
Los primeros en llegar
Ya en enero de 1942 comenzaron a llegar al gueto
de Terezin millares de judíos, principalmente del Protectorado de Bohemia y
Moravia y de Alemania, y muy pronto, el 9 y el 15 de ese mes, se iniciaron las
deportaciones sistemáticas hacia el este. Los alemanes no se preocuparon nunca
de la superpoblación y condiciones de asfixia de los prisioneros. En un
principio no hubo camas, ni siquiera aún camastros de varios pisos. La gente
dormía sobre el frío piso de cemento o sobre bolsas de paja húmedas. Durante
los primeros días no hubo reparto de comida, y los prisioneros debieron
alimentarse de provisiones traídas por algunos de ellos. Más tarde tuvieron que
formar largas filas, y recibir sus magras raciones en recipientes de aluminio.
No existía la posibilidad de cocinar. Había que comer de pie. Escribir cartas
estaba terminantemente prohibido. También estaba prohibido fumar. Todos los
prisioneros eran obligados a cortarse el cabello. Estaba prohibido caminar
sobre la acera. Toda persona uniformada debía ser saludada. Al caer la noche
estaba prohibido salir a la calle. Se obligaba a los prisioneros a entregar
todo, dinero, joyas, tabaco, conservas, papel para escribir cartas, y
medicamentos que hubiesen traído.
Contra
toda infracción a una de estas órdenes existía la amenaza de pena de muerte.
Por las más pequeñas transgresiones uno se exponía a golpizas y otras penas
corporales en plena calle. El 10 de enero de 1942, Seidl ordenó la ejecución
pública de 16 prisioneros, en una horca colocada en la fortaleza grande, por
infringir algunas de sus órdenes. Como consecuencia de esa medida los
prisioneros comenzaron a apercibirse de le realidad de su situación, y muchos
perdieron la esperanza de poder sobrevivir hasta el fin de la guerra. Amasados
y apilados, con espacio apenas para acostarse y acomodar sus pertenencias, sin privacidad
alguna, en medio de un ruido infernal constante, con escasez de agua y falta de
instalaciones sanitarias, no tardaron en producirse las primeras infecciones
intestinales y graves epidemias, transmitidas por las pulgas, piojos, chinches
y ratas. La inanición y carencia de vitaminas, no tardaron en producir
centenares de mortalidades diarias, por fiebre tifoidea, escarlatina y otros
males.
En
junio de 1942 los cuarteles se habían atiborrado tanto que hubo que ubicar a
los nuevos contingentes de prisioneros en casamatas subterráneas, pasillos y
mansardas. A los que en esa época llegaron del Reich a Terezin, en su mayoría
personas mayores de relativa buena posición, los había engañado la propaganda
nazi. Les habían prometido que en “Bad Theresienstadt” de la hermosa Bohemia encontrarían
hogares para ancianos, con asistencia médica, buena alimentación, buen
alojamiento y tranquilidad. Creyéndose a salvo de deportaciones, estos judíos
habían dejado atrás todos sus bienes, y con su dinero habían reservado
habitaciones con vista al lago, un lago inexistente, en este “gueto para
personas mayores”. Muchos de ellos llevaron consigo vestidos con puntillas,
fracs, sombreros de copa, parasoles, pero ninguno había pensado en traer
cubiertos, ropa abrigada, mantas y provisiones. Terminaron sus días sucios,
hambrientos y ateridos en glaciales altillos y en sótanos mojados. En pocos
días habían contraído pulmonías, enteritis y otros males infecciosos, y
murieron todos tendidos en fríos pavimentos.
Unos
meses después comenzaron a llegar a Theresienstadt los así llamados
“prominentes”, o sea personalidades sobresalientes por sus actividades
públicas, rabinos y dirigentes comunitarios conocidos, médicos, artistas
famosos, científicos de renombre, profesores distinguidos, y combatientes
judíos del ejército alemán altamente condecorados durante la Primera Guerra
Mundial. Desde el principio gozaron de mejores condiciones de alojamiento, de
alimentación y trato, porque la maquinaria de propaganda nazi había previsto
utilizarlos para mejorar ante el mundo la imagen del gueto Terezin y la suya
propia. Algunos miembros destacados de este grupo fueron integrados al Consejo
de Ancianos, pero ello no impidió que muchos de ellos también fueran deportados
en cuanto dejaron de ser útiles a sus opresores.
Los niños de Bialystok
En
agosto de 1943 arribó en Terezin un contingente de 1.300 niños de seis a quince
años de edad, proveniente del gueto de Bialystok, disuelto y quemado por los
nazis después de un sangriento levantamiento de prisioneros en Treblinka. Los
padres habían sido enviados a campos de exterminio. Los niños, puestos en
vagones de ganado, llegaron a Terezin demacrados y en harapos. Parecían
pequeños fantasmas. Tomados de la mano, fueron conducidos, en medio de una
lluvia torrencial, a una estación de despiojamiento, a la que se negaron
entrar, gritando ¡Gas, gas! Evidentemente estaban al corriente de lo que
ocurría en los campos de concentración. La SS declaró un riguroso estado de
sitio y prohibió a los habitantes del gueto todo contacto con los niños.
Corrían rumores de que la SS planeaba enviarlos a Suiza para intercambiarlos
por prisioneros de guerra alemanes. Los niños, una vez bañados, vestidos con
ropa limpia y atendidos por médicos y enfermeras, fueron alojados en casamatas
de madera. La salud de muchos mejoró. Aquellos que cayeron enfermos de
gravedad, fueron enviados a la fortaleza chica, y asesinados. En la mañana del
5 de octubre las casamatas quedaron vacías. Por orden de Himmler los 1.196
niños restantes, junto con 53 médicos y enfermeras, fueron enviados a
Auschwitz, y asesinados allí dos días después.
Los puntos sobre las íes
Decenas de miles de personas fallecieron o fueron
asesinadas en Terezin. Otras tantas fueron transportadas a Auschwitz y otros
campos de concentración, donde perecieron en cámaras de gas. Estos transportes
continuaron durante casi todo el tiempo de existencia del gueto de
Theresienstadt, hasta el 28 de octubre de 1944, y fueron motivo de constantes
incertidumbres, ansiedades, temores, pánicos y desgarradoras despedidas.
A
pesar de ello, y con todo lo que acabo de describir, sumado a lo que por
razones de espacio permanece por ahora en el tintero, muchos prisioneros judíos
desarrollaron en Terezin una vida cultural y artística memorable. A eso me
referí en mi artículo “Un emperador en el gueto de Terezin”. Leyendo únicamente
ese artículo, un lector poco avezado o, peor aún, un antisemita y negador del
genocidio, podría deducir y aducir que en Theresienstadt todo fue jauja, fiesta
y jolgorio. En cambio las cosas fueron muy distintas, y es hora de aclararlo
para conocimiento de las generaciones venideras, y de llamar por sus nombres a
todas las instituciones y personajes participantes de esta inmensa farsa.
Los comandantes.
El
primero, Siegfried Seidl, se afilió al partido nacional socialista en 1930. En
1932 fue puesta en duda su pureza de sangre. Superado ese escollo, fue
ascendiendo rápidamente en las filas de la SS. Paralelamente obtuvo un
doctorado en filosofía en la Universidad de Viena. Fue comandante del gueto
Terezin desde sus comienzos hasta el 3 de julio de 1943, en que por sus
“méritos” fue enviado por Eichmann a Bergen Belsen, y “promovido” allí a jefe
de la Gestapo. En Theresienstadt sobresalió por su brutalidad, por sus
asesinatos, su corrupción, su ferocidad y la imposición de severos castigos
corporales. Era un apasionado filatelista y amaba la música, de la que era un
profundo conocedor. Durante su régimen fueron deportadas a Terezin 121.083
personas. Allí murieron 24.864, 16 fueron ejecutadas sin juicio, 21 lograron
huir del gueto, y 43.875 personas fueron deportadas hacia el este. De ellas
sobrevivieron solamente 248. Terminada la guerra, Seidl intentó escapar, pero
fue aprehendido y ejecutado en Viena el 4 de febrero de 1947.
Junto
a Seidl sobresalió por su crueldad y sadismo el asesino e incendiario Rudolf
Haindl (1922-1948), quien estuvo en el gueto hasta su disolución. En 1945 huyó,
pero fue arrestado en Salzburgo, transferido al tribunal de Litomerice,
Checoeslovaquia, en 1948, y ejecutado ese mismo año.
El
sucesor de Seidl, desde el 3 de julio de 1943 hasta el 8 de febrero de 1944,
fue Anton Burger (1911-1991), autor en febrero de 1943 del envío 46.000 judíos
de Salónica a su segura muerte en Auschwitz. Muy pronto se convirtió en figura
temida por su crueldad y arbitrariedad. Odiaba especialmente a los judíos
checos. Ejecutaba a prisioneros con sus propias manos, y él mismo redactaba las
listas de deportaciones, incluyendo en ellas al decano y a otros miembros del
Consejo de Ancianos. Por orden suya, desde la madrugada del 11 de noviembre de
1943 hasta altas horas de la noche, unas 40.000 personas tuvieron que esperar
formadas, hambrientas y titiritando de frío, para ser contadas bajo una lluvia
incesante y sobre el pasto mojado de la así llamada olla de Bohusovice. A medianoche, cuando las hicieron regresar al
gueto cundió el caos, y unas 300 personas, en su mayoría ancianos y niños,
perecieron pisoteadas. En Litomerice Burger fue condenado a muerte en ausencia.
Capturado por los americanos y reconocido como comandante del gueto Terezin,
logró escapar, primero en 1947 y nuevamente en 1951, y llegó a vivir en paz,
bajo nombre falso, en Austria y Alemania, hasta una edad muy
avanzada.
El 8 de febrero de 1944 asumió el comando de Theresienstadt Karl Rahm
(1907-1947), que permaneció en su cargo hasta el 5 de mayo de 1945, fecha en
que se fugó del gueto con todos los demás SS, y Terezin fue entregado a la Cruz
Roja. Había sido miembro de la Gestapo, actuado bajo el mando de Eichmann en la
Oficina Central de Emigración Judía de Viena y luego en su equivalente de Praga
como lugarteniente de Hans Günther (1910-1945), alias “el verdugo sonriente”.
La primera misión de Rahm consistió en supervisar las tareas de
“embellecimiento del campo”, iniciadas por Burger. A ellas nos referiremos con
mayor detalle, así como a la visita de la Cruz Roja y a la producción de un
famoso film. Rahm, un buen organizador, portador de una máscara de cordialidad,
era más inteligente e hipócrita que sus antecesores en el cargo, y por esa
razón más peligroso. En extremo irritable y cínico, golpeaba frecuentemente a
los prisioneros, y supervisaba sesiones de tortura. Bajo su mando fue deportado
en octubre de 1944 el mayor contingente de judíos a Auschwitz, 18.400
prisioneros en apenas un mes. Capturado en Austria, fue entregado a la corte de
Litomerice, y ejecutado allí en abril de 1947.
Otro personaje que no debemos olvidar, que no fue
comandante del gueto pero intervino en más de una ocasión en los destinos del
mismo, es Ernst Möhs (1898-1945), ayudante principal y uno de los más cercanos
colaboradores de Eichmann. Era él quien decidía la política de las
deportaciones del gueto. Parece ser que fue él quien decidió el reemplazo de
Seidl por Burger, porque pensaba que Seidl se entendía con Edelstein.
Los decanos del Consejo de Ancianos
El
primero, como ya sabemos, fue Jacob Edelstein (1903-1944), ardiente dirigente
sionista, nacido en Galitzia, proveniente de Praga, encargado allí de los
intentos de emigración judía al Mandato Británico de Palestina. Pudo haberse
salvado en varias oportunidades de su trágico destino, aprovechando las
misiones que la SS le encomendó en distintos países europeos y en Palestina.
Sin embargo siempre de nuevo decidió regresar a Praga, para ayudar a sus
correligionarios. En 1939 había sido deportado a Nisko. Cuando ese proyecto
fracasó, Edelstein pudo regresar a Praga, y en 1941 fue designado decano del
Consejo de Ancianos, que en un principio contaba con 12 representantes. Su
substituto fue el ingeniero Otto Zucker (1892-1944), una persona de muchos
méritos y responsabilidades. Las actividades de Edelstein fueron motivo de
controversias. En forma infundada algunos le reprochan haber colaborado con los
alemanes, y hubo quienes criticaron su política, pero nunca pusieron en duda su
honestidad e integridad. Otros lo consideran un héroe que se sacrificó por su
pueblo. Era religioso, y cuidaba que también en Terezin se respetara el Shabat
y las festividades judías. En sus tratos con la SS siempre demostró valor, a
veces incluso habilidad. Manejado como un juguete y quebrantado finalmente por
sus captores, se comportó siempre con hombría y nobleza. Entre los prisioneros
gozaba de cierta popularidad.
El
31 de enero de 1943, después de haber sido acusado por el comandante de alterar
las listas de personas registradas en el gueto, Eichmann agradeció a Edelstein
los servicios prestados, y lo reemplazó por el Dr. Paul Eppstein (1901-1944),
recién llegado de Berlin, otrora dirigente de la comunidad judía del Reich,
junto al rabino Dr. Leo Baeck (1873-1956). Edelstein fue designado como primer
suplente de Eppstein, y el rabino Dr. Benjamin Murmelstein (1905-1989), otrora
vicedecano del Consejo de Ancianos de Viena, de donde acababa de llegar, como
segundo suplente. En realidad se constituyó así un extraño triunvirato, por
cuanto el decano y sus suplentes entre sí, recelaban, intrigaban y desconfiaban
el uno del otro. Se habían conocido antes de Theresienstadt, en Nisko y otros
sitios, y en más de un sentido se despreciaban mutuamente.
Eppstein,
hombre de vasta cultura y distinguido sociólogo, de temperamento y formación
judeo germana, decidió emplear ante los comandantes tácticas diferentes a las
de su predecesor, optando por la obediencia y el cumplimiento de las órdenes al
pie de la letra. Era ambicioso y laborioso, no desprovisto de un cierto
histrionismo, pero la valentía no fue su cualidad más dominante. En su mirada
se reflejaban el temor y la tristeza. Eppstein no carecía de sensibilidad, pero
nunca hizo alarde de bondad o de calor humano. En el gueto su imagen era la de
un hombre débil, de alguien que huía constantemente de un presente horroroso y
de un ambiente de corrupción omnipresente, sin oponerse nunca a sus opresores.
Así y todo era considerado un leal portavoz de los judíos.
El
18 de diciembre de 1943 Edelstein fue deportado a Auschwitz, donde él, su
esposa Miriam y su hijo Ariel fueron colocados al principio en una barraca
familiar. El 20 de junio de 1944 fue obligado a presenciar las ejecuciones de
su mujer y de su hijo, y a continuación fusilado. Eppstein sufriría meses
después un destino similar. El 23 de junio de 1944, cuando llegaron a
Theresienstadt los delegados de la Cruz Roja Internacional, Eppstein fue obligado
a acompañarles en parte de su trayecto y a presentarles un informe sobre el
buen funcionamiento de las diferentes secciones encargadas del bienestar del
gueto. Para la ocasión le suministraron un frac y un sombrero de copa, y
pusieron a su disposición un lujoso automóvil. Lo que desentonaba era que tenía
un ojo morado, debido a un golpe que le había propinado días antes el
comandante Rahm.
El
16 de septiembre de ese año, con motivo del Año Nuevo Judío, pronunció un
discurso singular ante unos 1.200 reclusos, que sin duda contribuyó a su
deposición y ejecución. En esa época, con el avance del Ejército Rojo, el
frente de guerra se iba acercando rápidamente, y corrían rumores en el gueto
sobre la inminente derrota del Reich. Entre los prisioneros comenzó a notarse
una cierta inquietud y optimismo prematuro, que amenazaba convertirse en
rebelión. Consciente de la situación y sin negarla, Eppstein optó por calmar a
sus oyentes por medio de la siguiente parábola:
“En el mar navega un barco
con miles de pasajeros. Todos ellos están agotados e impacientes, porque el
viaje ya dura mucho más de lo esperado. Por fin comienzan a ver la ansiada
tierra firme, y el barco se va acercando a ella. Pero en lugar de calmarse, se
ponen más nerviosos al notar que la nave avanza cada vez más lentamente. Se
acercan al capitán y le preguntan cuándo podrán ingresar finalmente a puerto
seguro. Con palabras e imprecaciones le exigen que acelere la marcha, pero el
capitán no cede, los deja hablar, rezongar y maldecir, y no sólo permanece
callado, sino que ordena aminorar la marcha aún más. ¿Por qué? Porque
únicamente él sabe que en el trayecto a recorrer acechan minas peligrosas, y
que debe tener extremo cuidado para que el barco no choque con ninguna. Es
preferible que los pasajeros lleguen a buen puerto un poco más tarde, pero
sanos y salvos. Como ese capitán también procedemos nosotros. ¡Confiad en
nosotros! ¡Tened paciencia! Os guiaremos a todos hacia una nueva era. ¡Padre
nuestro, Rey nuestro, inscríbenos en el libro de la vida buena!”
Paul Epstein |
Eppstein había mostrado el texto de su discurso a Leo Baeck, y éste le había
aconsejado prudencia. También lo había presentado a Rahm, sin que éste tuviera
objeción alguna. El tema de la nave a la deriva también ha sido tratado en
contextos similares por otras personas, entre ellas por el actor Karel Svenk
(1907-1945) en una de sus canciones.
Al
día siguiente de Yom Kipur Eppstein fue fusilado en la fortaleza chica, y sus
restos llevados al crematorio. A su esposa le contaron que sería deportado al
este. Diciéndole que Eppstein aún vivía, fue obligada a llevarle comida todos
los días. En octubre ella fue deportada a Auschwitz, donde pereció en una
cámara de gas. La eliminación de Eppstein, planificada ya desde algún tiempo,
fue resuelta por los nazis, en vista de que se había convertido en testigo
“incómodo” del genocidio. Ya entonces los SS comenzaban a buscar coartadas para
el caso de una indagación en sus acciones y conductas apenas finalizada la
guerra. Poco antes habían ordenado a Eppstein hablar desde una estación de
radio alemana, para acusar a la aviación aliada de destruir una ciudad habitada
por judíos, y grabar una cinta magnética con el texto de esa acusación. Un
bombardeo del gueto a cargo de los ingleses hubiese sido la solución ideal para
los nazis, que ya habían previsto la destrucción de Terezin y borrar todos sus
rastros. Rahm había dicho: “después dirán que fuimos nosotros, y no los
ingleses, los que destruimos el gueto”. Esta vez Eppstein se negó. “Sé muy bien
que llegará el día en que ya no podré decir sí”, había manifestado a un amigo
en cierta ocasión.
Después
de la eliminación de Eppstein, ocupó su lugar Benjamin Murmelstein, nacido en
Lemberg en el seno de una familia ortodoxa, rabino, doctor en filosofía,
investigador, autor de libros sobre teología y uno histórico sobre Flavio
Josefo. Personaje de gran cultura, muy controvertido, no cabe duda que este
último decano del Consejo de Ancianos superaba netamente a sus predecesores en
inteligencia, astucia, y capacidad política. De aspecto físico y temperamento
desagradables, autoritario, implacable, frío, temido y odiado por muchos, a la
vez que tildado injustamente de sumisión excesiva y cooperación con la SS, sus
acciones demuestran una y otra vez que su preocupaciones mayores consistieron
en el bienestar de los prisioneros y en la salvación de cuantas vidas fuera
posible.
Con
ese fin contribuyó activamente a la creación de numerosos puestos y ocupaciones
que postergasen las deportaciones. Mas, con toda su sagacidad, y a pesar de que
el 2 de octubre de 1944 Rahm le había asegurado la suspensión de los
transportes, tampoco él pudo evitar las multitudinarias deportaciones de ese
mes. Pudo, eso sí, apenas llegado a Theresienstadt, combatir eficazmente una
terrible epidemia de tifus, e impedir que en vísperas de su abandono del gueto,
la SS construyera en Terezin una cámara de gas y liquidara a todos los que aún
quedaban allí. El 5 de mayo de 1945 Rahm entregó el gueto a la Cruz Roja y a
continuación se fugó. Murmelstein dimitió de su cargo ese mismo día. Finalizada
la guerra, fue arrestado bajo sospecha de colaboración, juzgado por el tribunal
de Litomerice, pero declarado inocente y puesto en libertad en 1947. Allí se
constituyó en testigo principal en el proceso contra Rahm, condenado a muerte
ese mismo año. Murmelstein nunca más quiso desempeñarse como rabino y estar a
la merced de los caprichos de directivos de una comunidad judía. Se asentó en
Roma, logró crearse allí una buena posición económica, continuó sus tareas de
investigador, y se dedicó a defender su buen nombre ante las acusaciones de
Hannah Arendt y Gerschom Scholem, escribir varios libros sobre Terezin, entre
ellos Il ghetto-modello di Eichman, y someterse a un extenso
reportaje filmado por Claude Lanzmann, de próxima presentación pública, bajo el
título de El último de los injustos, cuyo texto ya ha sido publicado.
No
fue decano, pero ocupó un sitio importante en el Consejo de Ancianos el
ingeniero Otto Zucker (1892-1944), dirigente sionista, destacado arquitecto y
constructor de puentes, receptor de altas condecoraciones militares, buen
violinista, frecuente opositor de Edelstein, inteligente y talentoso, de
naturaleza pujante, se constituyó en defensor de numerosos reclusos, y exitoso
protector de músicos y artistas plásticos. El 23 de setiembre de 1944 Rahm
engañó a Zucker, y lo hizo deportar a Auschwitz con la supuesta misión de
organizar allí un campamento de trabajo. En cuanto partió el tren fue esposado,
y al llegar a destino asesinado y quemado. Días después fue deportada su
esposa. Engañada también ella, llevaba gran cantidad de equipaje. Antes de
partir Rahm le dijo al encargado del transporte: “Ésta es la señora Zucker. Le
hago responsable de que esta noche esté en brazos de su marido.” Así fue
asesinada también ella.
La configuración y organización del tiempo libre.
Ya
describí anteriormente gran parte de las actividades artísticas y culturales
desarrolladas por los prisioneros judíos en Theresienstadt. Ahora corresponde
detenerme en su organización y funcionamiento. Existen noticias de que ya en
diciembre de 1941 se habían organizado veladas de camaradería, acompañadas de
conferencias, recitaciones y música ligera. Muy pronto fue prohibida la posesión
de instrumentos musicales, pero prosiguieron las conferencias clandestinas. Sin
embargo, y debido a que los artistas no obtenían licencias en sus secciones de
trabajo como consecuencia de la escasez de sitios adecuados y de las
prohibiciones de la SS, estas actividades fueron abandonadas. En febrero de
1942, así relata el rabino de Pilzen Dr. Erich Weiner (1911-1944), se le
encomendó a éste, por recomendación de Otto Zucker, la organización oficial de
la así llamada Freizeitgestaltung, o
sea la configuración de las actividades de tiempo libre. Weiner mantuvo hasta
el año 1943 un diario con detalles precisos sobre las tareas realizados en ese
marco.
Si
bien en un principio los jerarcas nazis se habían opuesto a la realización de
actividades artísticas y culturales, no sólo cambiaron muy pronto de idea al
darse cuenta de que éstas contribuirían a la creación de una imagen positiva de
su “gueto modelo”, sino que las consintieron, apoyaron y promovieron, creando
un organismo que las supervisara. Con el tiempo, con el auspicio del Consejo de
Ancianos y bajo la dirección de Zucker, el Dr. Leo Baeck y el Dr. Emil Utitz
(1883-1956), se fueron incorporando a este organismo, para la organización de
espectáculos teatrales, conciertos y conferencias, más de 276 personas, entre
ellas el abogado Dr. Moritz Henschel (1879-1947), el compositor Hans Krasa
(1899-1944), el arquitecto, escenógrafo y artista gráfico Frantisek Zelenka
(1904-1944), el músico Gideon Klein (1919-1944), el banquero, autor y
coleccionista de pinturas Dr.Wilhelm Mautner (1889-1944) y muchas otras
personalidades sobresalientes en diferentes especialidades.
Sus
tareas consistieron no solamente en la organización de eventos, que debían ser
aprobados por el comandante, sino también en la revisión de los textos que
debían presentarles los autores y directores de las representaciones escénicas,
una especie de filtro o autocensura destinada a evitar las iras y represalias
de la SS. Así se explican los numerosos cortes que sufrió la versión original
del libreto de Peter Kien (1919-1944) para El Emperador de Atlantis, ópera cuyo
texto y representación finalmente fueron prohibidos por Zucker, al igual que la
obra teatral El último ciclista, de Karel Svenk (1907-1945).
Las obras de embellecimiento
En
vista de las repetidas diligencias de la Comisión Internacional de la Cruz Roja
para la obtención de un permiso de visita al gueto, y bajo presión del
Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cruz Roja Alemana, la SS ordena hacia
fines de 1943 las “tareas de embellecimiento de la ciudad”. No apto para esas
tareas, Burger es destituido por Rolf Günther. En su lugar es nombrado Karl
Rahm, quien no tarda en participar de esta comedia con tenacidad, energía, e
ideas propias. Como coordinador judío de las tareas de acicalamiento designan a
Benjamin Murmelstein, y éste de inmediato se pone a trabajar empleando a la
mayor cantidad de gente posible. Muchos acatan sus órdenes bajo protesta, pero
es evidente que el astuto e impasible organizador convierte a miles de personas
en operarios imprescindibles, a fin de postergar su deportación. Muchos le
deben la vida. El embellecimiento del gueto se prolongará por más de medio año.
Instantánea tomada por uno de los miembros de la Cruz Roja Internacional. |
Como
primera medida se procede a limpiar y arreglar las calles, y reparar los
edificios. Luego la plaza central de la ciudad, hasta entonces vedada a los
judíos, es convertida en un hermoso prado con 1.200 rosales y primoroso césped.
Frente al “café” erigen un pabellón musical, rodeado de bancos con respaldo.
Después crean un parque infantil, cuyas hamacas son decoradas con figuras de
simpáticos animalitos. Detrás del pabellón levantan un parque de diversiones,
con calesitas, areneras y piscinas. En la sala de gimnasia de la antigua
escuela acomodan una guardería para niños pequeños, con muebles nuevos, tobogán
y otros juegos. En las esquinas de las calles aparecen maceteros con flores y
carteles nuevos, tallados en madera, que indican el camino al banco, correo,
biblioteca, cuartel de bomberos, baños públicos, etc. El antiguo edificio de
educación física, Sokolovna, se convierte en centro comunitario, teatro y
sinagoga.
Después
le toca el turno a los patios interiores, polutos y abandonados durante las
recurrentes epidemias. Una de las barracas es convertida en una confortable
sala comedor. Las oficinas son redecoradas, y comienzan las mejoras interiores
de algunas viviendas, provistas ahora de cómodos lechos, mesas, sillas,
estantes para libros, y cuadros robados en las casas de los judíos de Praga. De
pronto aparecen sábanas, almohadas y lámparas.
Especial
atención es dedicada al equipamiento del hospital, y tampoco olvidan instalar
salas de ceremonias en el recién creado cementerio. Pero antes Rahm dispone que
22.000 urnas, conteniendo las cenizas de otras tantas personas fallecidas en
Terezin sean arrojadas al río Ohre. La lista de arreglos y mejoras es extensa.
Se construyen incluso decorados que simulan frentes de cafés, teatros y
negocios de todo tipo.
Para
todas estas obras hay dinero suficiente, y Murmelstein emplea toda su
imaginación para que el aspecto general de Terezin sea satisfactorio, y que los
nazis no puedan hacer desaparecer del mapa el gueto después de haberlo
mostrado. El único inconveniente reside en que el gueto está superpoblado, y
que con tanta gente en todas partes resulta difícil apreciar la ciudad misma.
Entonces Rahm recurre a la solución más simple, la deportación masiva a
Auschwitz de miles de reclusos, mayormente ancianos o gente desnutrida y
frágil, porque en las calles deben circular solamente personas bien comidas,
alegres y bien vestidas.
Ahora
está todo preparado para que lleguen visitas oficiales, empezando por una
delegación de la Cruz Roja Internacional. Dejo esa visita para el final de este
artículo, y me adelanto en señalar que los funcionarios de la SS la consideran
tan existosa, que deciden coronarla con la producción de un film.
Tras concluir la
representación de la ópera infantil El abejorro, que fue dirigida por su autor, el prestigioso
músico checo Hans Krása, los niños actores posaron ante las cámaras de los delegados
de la Cruz Roja en el escenario, muy bien decorarado, del "Teatro"
de Theresienstadt. Ninguno sobrevivió.
|
La película
La
idea de filmar una película sobre el “gueto especial” de Terezin surge por
primera vez en mayo de 1942, al parecer para uso personal de Himmler. La
dirección recae sobre Irena Dodalova, nacida en 1900, que sobrevivió
Theresienstadt y falleció en 1990, en la Argentina. El guión, confeccionado por
el pintor y poeta Peter Kien (1919-1944), consiste de escenas por demás
realistas a partir de las experiencias de una familia judía desde su
deportación al gueto, y sus peripecias en el mismo. Esta película cayó en el
olvido. Aparentemente se perdió.
A
comienzos de 1944, durante las tareas de embellecimiento del gueto, la SS
vuelve a considerar la filmación de una película “documental”, pero esta vez
sin realismo alguno, ya que los nazis saben muy bien a quien será destinada, y
que será utilizada para mostrar a determinados organismos internacionales lo
bien que en Terezin se trata a los judíos.
El 25 de febrero de 1944 llega a Theresienstadt,
desde el campo de tránsito nazi Westerbork, en Holanda, el prestigioso y
experimentado actor y director Kurt Gerron (1897-1944), que había participado
del estreno de La ópera de tres centavos de Brecht, y desempeñado un rol
importante en el film El ángel azul junto a Marlene
Dietrich. De inmediato es reconocido por Haindl, y éste le propina un golpe que
le hace caer al suelo, y una vez allí lo acomete con una serie de violentos
puntapiés.
Poco
después de su traumático arribo, Gerron realiza en Terezin la puesta en escena
de la ópera Carmen, dirigida musicalmente por Franz Eugen Klein. Días más
tarde Rahm le ordena primero la organización de un cabaret, género en que ya ha
demostrado su talento, y así nace el famoso “Karussell”, ciertamente merecedor
de un capítulo aparte.
A
continuación Rahm le “ofrece” la confección del guión y la dirección de la
película, pero Gerron no está dispuesto a hacerlo, aceptando solamente después
de reiteradas insistencias del Consejo de Ancianos, y convencido por Eppstein
de que hay ofertas que no se pueden rehusar, como lo demuestran las gravísimas
consecuencias del rechazo del escenógrafo Frantisek Zelenka. Hacía falta
mencionar este aspecto, porque también en su caso no faltaron las malas lenguas
que lo tildarían muy injustamente de colaborador.
Alterado
su guión en más de una ocasión por los jerarcas nazis, vigilado y humillado
constantemente por los mismos, Gerron emprende las tareas de dirección el 16 de
agosto de 1944, pero es reemplazado en un momento dado por Karel Peceny al
frente del equipo técnico de la firma checa Aktualita, especializada en
documentales. Nunca se le permite a Gerron ver las escenas filmadas, ni tampoco
asistir a las proyecciones privadas del film. Asustado, tenso, mas por momentos
en su viejo elemento, encara su labor no sólo con profesionalidad, sino
consciente de que su exigencia de participación de cerca de 17.000 personas
posterga la deportación de las mismas. Eso ocurre en efecto durante la
filmación, que finaliza el 11 de setiembre, pero no por mucho tiempo, ya que en
octubre Rahm dispone la deportación masiva de 18.402 personas, más de un tercio
en aquel entonces de los habitantes del gueto, incluyendo en ellas al propio
Gerron, asesinado en Auschwitz el 28 de ese mes.
Se
equivocan quienes atribuyen la orden de realizar la película a Goebbels, y
también aquellos que afirman que el título previsto para el film fue El
Führer regala a los judíos una ciudad. El título propuesto por Gerron
es El
gobierno autónomo judío en Theresienstadt. De este film y del anterior
sólo se han recuperado fragmentos en distintos países. En cambio se conservan
el guión y todo tipo de documentos relacionados con la filmación.
La visita de la Cruz Roja
Finalizadas las tareas de embellecimiento, se produce el 23 de junio de 1944 la
ansiada visita a Theresienstadt de una delegación de la Comisión Internacional
de la Cruz Roja, cuyos miembros permanecen en el anonimato en gran parte de la
literatura que la describe, donde también suele figurar que fueron engañados.
El cuadro que se pinta entonces es el de unos pequeños funcionarios, ingenuos,
de inteligencia limitada, y no demasiado despiertos, constituidos en fáciles
víctimas de la máquina de embustes nazi.
Los visitantes disfrutan de un partido de futbol. |
Veamos
ahora quienes son los miembros de la delegación. Dos de ellos son daneses, el
Dr. Frants Hvass, jefe de la sección política del Ministerio de Relaciones
Exteriores de su país desde 1940, y el Dr. Egil Juel Henningsen, médico jefe y
máxima autoridad del Servicio Nacional de Salud del Ministerio del Interior y
de la Cruz Roja Danesa. El otro delegado es el Dr. Maurice Rossel, ex-oficial
del ejército suizo, representante de la Comisión Internacional de la Cruz Roja
en Berlin. Los acompañan en su visita, de parte de la SS, el Dr. Rudolf
Weinmann, jefe de la SIPO, policía de seguridad en el Protectorado de Bohemia y
Moravia, Hans Günther, venido de Praga, su hermano Rolf Günther, Gerhard Günel,
su lugarteniente, Ernst Möhs, el asesor criminal Rudolf Renner, de la SIPO en
Copenhague, que habla danés, Karl Bergl, y Karl Rahm, el comandante del gueto.
Salvo este último, que luce uniforme, los demás están todos vestidos de civil.
El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán está representado por el consejero
de legación Eberhard von Thadden, y la Cruz Roja alemana por el Dr.
Heidenkampf, que permanece en actitud totalmente pasiva. El único judío
autorizado a acompañarlos en su recorrido por el campo, obligado a hacer las
veces de guía y pronunciar ante los delegados una conferencia llena de embustes
sobre el bienestar general y la labor de las instituciones del gobierno
autónomo judío, es el Dr. Paul Eppstein.
El
recorrido, previamente organizado en sus más mínimos detalles, dura desde las
11 a las 19 horas, e incluye visitas al tribunal autónomo judío, un hospital,
una lavandería, una fábrica de pan en que los empleados trabajan con guantes
blancos, un hermoso hogar infantil, un elegante comedor servido por camareras
prolijamente ataviadas con delantales almidonados, un “casual” encuentro de
fútbol, y la representación de una ópera infantil en la Casa Comunitaria. El
almuerzo, del que Eppstein es excluido, tiene lugar en las oficinas del
comando, en el que ahora hay un cartel que dice “oficina de servicios”. Por la
tarde los delegados tienen ocasión de ver, además de los frentes de elegantes
negocios, cafés, restaurantes y teatros, todos ellos de escenografía, el
“banco”, el “correo” a la hora del reparto de paquetes, la “carnicería”, la
carpintería, el cuartel de bomberos y los hermosos parques. Se les permite
tomar todas las fotografías que quieran y realizar preguntas a los prisioneros
daneses, pero no a los demás, pero eso no les molesta demasiado, porque lo
único que les interesa son los de su país. Decididamente no los autorizan a ver
la fortaleza chica. Después de esta visita la SS agasaja a los delegados
durante varios días en Praga, con paseos, cenas y conciertos.
Tras concluir la
representación de la ópera infantil El abejorro, que fue dirigida por su autor, el prestigioso
músico checo Hans Krása, los niños actores posaron ante las cámaras de los delegados
de la Cruz Roja en el escenario, muy bien decorarado, del "Teatro"
de Theresienstadt. Ninguno sobrevivió.
|
Los
miembros de la delegación elevan a Ginebra informes positivos sobre lo que han
visto, y los datos declamados por Eppstein. Estos informes, considerados
confidenciales, no fueron publicados en su momento, porque tanto los daneses
como el suizo se habían comprometido con los nazis a no divulgar nada de lo
presenciado.
Hvass,
en su informe, alega que no se trata de un campo de tránsito, sino de una
estación final, lo cual es una gran mentira. Cuando menciona las nacionalidades
de los prisioneros, ignora totalmente la presencia de los checos. También dice
que las condiciones son mucho mejores de lo que esperaba. ¿Qué es lo que
esperaba? Dice que los prisioneros reciben 2.400 calorías diarias en alimentos,
cuando en realidad apenas reciben la mitad, y que todos son vacunados contra
enfermedades infecciosas, lo cual es una patraña. Afirma, entre otras
necedades, que los reclusos cobran un sueldo por su trabajo. En general,
concluye, la vida de los prisioneros y el aspecto de la ciudad son normales.
También
Henningsen está satisfecho. Menciona, eso sí, la estrechez y el hecho que
diariamente fallecen en el gueto de 10 a 15 personas, pero que el gobierno
autónomo, bien provisto de toda clase de medicinas, resuelve con éxito los
problemas de contaminaciones y epidemias. También él describe lo que ve como
condiciones normales. En sus memorias de posguerra admite que él y Hvass
naturalmente eran conscientes de que los alemanes les estaban presentando un
cuadro idealizado. “Sabíamos con certeza, que tarde o temprano los alemanes
leerían nuestro informe. Durante nuestra misión Hvass y yo tratamos este tema
en profundidad, y nos pusimos de acuerdo sobre la importancia de actuar con
moderación, como corresponde a representantes del gobierno danés.” Todavía en
1979 Henningsen se niega a responder cuando le preguntan si considera que en
Terezin los representantes daneses fueron engañados.
Ahora
veamos un poco. El director de la Cruz Roja Danesa entre los años 1939 y 1945,
al que respondían los señores citados, era Helmer Rosting (1893-1945), miembro
del partido nazi de Dinamarca, asiduo visitante de las oficinas del jefe de
policía alemán de Copenhague y criminal de guerra, el SS Werner Best
(1903-1989). Pero Rosting no era el único. En Dinamarca hubo más de 28.000 afiliados
al partido nazi, y más de 6.000 daneses se enrolaron en la SS, asesinando en el
este de Europa a tantos judíos como los demás. Hasta la fecha los daneses no
permiten el acceso al registro de sus miembros. La carrera de Frants Hvass
(1896-1982) no termina en Terezin. En 1948 es nombrado jefe de la misión
militar danesa a Berlin, con el título de general mayor, y desde 1951 a 1966 se
desempeña como embajador extraordinario y plenipotenciario en Bonn...
El
informe de Maurice Rossel, representante de la Cruz Roja Internacional, exige
un párrafo aparte.
“Nuestra sorpresa fue
extraordinaria, al encontrar en el gueto una ciudad de vida casi normal. Lo más
sorprendente, dijimos a los oficiales de la SS que nos acompañaban, es que
hayamos tropezado con tantos obstáculos para obtener la autorización a una
visita. Esta ciudad judía es realmente asombrosa. El gueto de Terezin es una
sociedad comunista, regida por un Stalin de grandes valores, Eppstein...
Nuestro informe no habrá de cambiar la opinión de nadie sobre la posición del
Reich en cuanto a la solución de la cuestión judía...”, etc. etc.
Rossel
elogia especialmente las guarderías infantiles y los hospitales, señala sin
ruborizarse el excelente funcionamiento del correo, parece no darse cuenta de
que los frentes de casas y negocios son decorados construidos por los nazis, y
concuerda en muchos aspectos con los informes de la delegación danesa. Una
diferencia fundamental consiste en que enuncia como productos de sus propias
investigaciones los datos declamados por Eppstein. De este modo su informe toma
un aspecto bastante más creíble, optimista y positivo que el de sus colegas
daneses. Culmina con estas palabras: “Quien la visite, se encontrará con una
ciudad de provincia perfectamente normal.”
Cuestionado
por muchos, Rossel afirma que fue víctima de un engaño, y que si tuviese que
escribir su informe nuevamente en la actualidad, volvería a hacerlo de la misma
manera. Mas, tanto él como Hvass y Henningsen, todos ellos funcionarios de alto
nivel, no eran tan tontos ni tan ingenuos como quisieron hacer creer a la
posteridad. Como tantos otros que mienten descaradamente y dicen no haberse
dado cuenta ni sabido nada de lo que estaba ocurriendo realmente, también ellos
pretenden escudarse detrás de su supuesta y cómoda estupidez.
Meses
después, Rossel decide visitar por su cuenta el campo de concentración de
Auschwitz-Birkenau. No llega más allá del despacho de su comandante, que lo
recibe muy afable y le ofrece café. Rossel no huele el humo ni ve los
crematorios. En el camino se topa con un grupo de esqueletos humanos con ropa y
gorras a rayas, guiados por un SS, pero no extrae de ello ninguna conclusión.
Así lo relata en el reportaje de Claude Lanzmann, para su film “Alguien vivo
pasa”.
Nunca
fue más cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver. Y no cabe duda de
que en la mente de muchos, en su momento y aún hoy, el hecho de que los judíos
estuvieran encerrados en guetos, y fueran deportados a campos de concentración,
entra en la categoría de una situación perfectamente normal.
Como
ya se dijo, el informe de Rossel no fue publicado, a causa del compromiso que
éste había contraído de antemano con la SS y la Gestapo. No deja de ser
interesante que la Cruz Roja también se haya abstenido de hacerlo aún muchos
años después. A comienzos de 1945, con el consentimiento de Eichmann, y cuando
el Reich se estaba desmoronando, la Cruz Roja Internacional volvió a visitar
Terezin. El 5 de mayo, después de la fuga de Rahm, que significó el final del
gueto, y ante la dimisión del decano del Consejo de Ancianos Benjamin
Murmelstein, la Cruz Roja Internacional se hizo cargo de la administración de
Theresienstadt durante tres días, hasta la llegada del Ejército Rojo, que se
ocupó de la total liberación de los prisioneros supervivientes.
Por
quién sabe qué méritos durante todo el período de la Segunda Guerra Mundial, le
fue otorgado a la Cruz Roja Internacional, en 1944, el Premio Nobel de la Paz,
que dicha institución recibió al año siguiente. Ya había recibido otro a fines
de la Primera Guerra Mundial. Puede ser de interés para los lectores saber que,
hasta el día de la fecha, a diferencia de la cruz y la media luna, sus emblemas
clásicos, la Cruz Roja no reconoce el de la estrella de David, y que recién el
22 de junio de 2006 aceptó como miembro oficial al Maguen David Adom de Israel,
no de buen grado, ni como gesto de buena voluntad, sino porque la Cruz Roja
Americana la estaba presionando con la retención de los 42 millones de dólares
que debía en concepto de sus contribuciones al organismo internacional.
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En
un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que
sobrevivieron a Auschwitz viajaron de nuevo al escenario de aquel
apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el
que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones
distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis
individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga
infantil Amela Einat en La cicatriz del humo,
Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de
experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las
generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat
es una reputada e innovadora especialista
3 comentarios:
Se me hace que esta historia es totalmente manipulada por los vencedores ,
Se me hace a cuento toda esta historia , de los vencedore buenos
Se me hace a cuento toda esta historia , de los vencedore buenos
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