(En preparación, por Carlos Morales)
Miklós Radnoti
(1909- 1944)
La
Recherche
Versión de Carlos Morales y Jaime Vándor.
Versión de Carlos Morales y Jaime Vándor.
(Lager
Heidenau, montañas de Zagubica , 17 de agosto de 1944)
Recuerda también las viejas y suaves tardes
Y
sus brillantes mesas coronadas por los poetas y sus jóvenes esposas.
¿Dónde
queda el barro del recuerdo en que te deslizas, dónde está la noche en la que
los exuberantes amigos bebían alegremente el vino natal
que
brillaba en sus ojos bellísimos?.
Los
versos nadaban alrededor del resplandor de las lámparas.
Y
los adjetivos verdes y brillantes se balanceaban sobre la cresta espumosa de su
música, y los muertos estaban vivos, y los prisioneros en sus casas, los poemas
de los viejos amigos cuyos corazones se perdieron bajo la tierra en España,
Flandes y Ucrania.
Algunos
se lanzaron hacia el frente, apretando sus dientes contra el fuego, y lucharon
porque nada pudieron hacer para evitarlo,
mientras
dormía la alarma de un mundo adormecido y sucio,
Bajo
la cubierta de la noche, recordando los viejos hogares del pasado,
sus
cuevas e islas tranquilas, alejadas de este tiempo.
Algunos,
no importa ya. ¿De dónde vienen los vinos sabios?
Llegaron
los invasores y se multiplicaron. Y se multiplicaron las arrugas alrededor de
las sonrisas de sus labios y de sus ojos de las mujeres. Y se cansaron de las
hadas las muchachas en medio del silencio de la guerra.
Dónde
está la noche, la taberna, los tres, debajo de esta mesa.
Y
quienes viven aún, dónde están cayendo ahora los que combaten.
Mi
corazón oye sus voces, mis manos se anudan a sus manos,
su
valor y sus torsos se despliegan ante mi
-prisionero
silencioso- en las terribles montañas de Serbia.
Dónde
está la noche. Esa noche ya nunca volverá.
La
Muerte lo mira todo desde otra perspectiva.
Todavía
se sientan a la mesa, se esconden en la sonrisa de las mujeres.
Y volverán a beber de nuevo en nuestras copas, los amigos aún sin sepultar en los bosques remotos, dormidos ya en pastos extraños…
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En un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz viajaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga infantil Amela Einat en La cicatriz del humo, Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat es una reputada e innovadora especialista
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