sábado, 27 de diciembre de 2014

«El último poema», de Robert Desnos

Última foto conocida de Robert Desnos en
 el Campo de concentración de Terezin, 1945.

Estudio, selección y notas de Carlos Morales.
(En preparación) 

Robert Desnos
(Paris, 1900 –Theresiendtath, 1945)
El último poema
(1944)

 
Robert Desnós murió de Tifus el 8 de junio de 1945,
poco antes de que fuera liberado el campo de
Theresienstadt. Tenía 44 años de edad.
 


He soñado tan fuertemente contigo,
he caminado tanto, conversado tanto,
de tal forma amado tu sombra,
que ya no me queda nada de ti.
Me queda solamente el ser, la sombra
entre las sombras,
ser cien veces más sombra que la sombra,
de ser la sombra que vendrá y volverá a venir
a tu vida extendida bajo el sol.
He soñado tanto contigo,
dormido y despierto he soñado tanto contigo,
que tiemblo al pensar que no eres más que un sueño.
Que tu dulce realidad jamás será la realidad para mis brazos,
que tu boca seguirá lejana de la mía,
como si ya te hubiese enterrado,
o fantasmal erraras más allá de la luna.
¿Acaso sabes tú lo que es vivir en sueños?
tener al lado una mujer dormida,
y estrecharte a ti contra mi pecho,
y estrechar no más que sombra y noche,
aunque mi ser, todo mi ser, suspirara por tu ser.
He conversado tanto contigo,
marchado tantas veces, tu mano entre la mía,
bajo árboles, estrellas, nubes, que nunca has existido,
que no es tiempo talvez de despertarme todavía.
Temo la realidad, la tierna realidad tuya,
y sin embargo por ella he vivido como llama,
como llama sedienta de envolver el contorno de tu cuerpo,
de encontrar, al fin, la tibia carne de tu boca,
no el sueño de tu boca.
Dime que sí, que ya despierte:
Que no sea un sueño, sólo un sueño,
esta desesperada esperanza de mi vida.

 Grandes Obras de 
El Toro de Barro

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Puedes entrar. He dejado la puerta
abierta, la luz, la calefacción
encendidas. Hay un poco de vino
en la alacena, el café está reciente
por si me demoro y te vence el sueño.
Acaso estés aquí cuando regrese,
arropada en el sofá con mi manta
de viaje, reconfortada, quizá
complacida del mundo en su belleza,
sabiendo que hay una técnica pura
en esta maravilla de estar vivo.
Y si no estás, bendito sea el tiempo
en que estuviste. Sólo he de abrir
los postigos para que fluya el agua
llovida en la memoria. La luz, pronto,
dejará en las paredes una sombra
que llamará en sus labios con tu nombre,
contenta de estar en casa de nuevo.
  Otros poemas de
 Juan Ramón Mansilla



"El Profeta", de Carlos Morales. De su Libro "S". Ilustración Leonardo da Vinci





 
 
 
 
 



 

2 comentarios:

ana perez dijo...

Es posible en todos los tiempos

Rembrandt dijo...

Cuando el invierno cubrió el mundo, en un oscuro lugar nacía una flor y a través suyo el poeta se permitía soñar.

Abrazos querido amigo.
REM