Escena de danza dramática
de
Mercedes Ridocci.
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Juan
Ramón Mansilla
Los libros negroS
Editado en 1997 El Juglar de la Frontera,
Supl. Cult. de EL DEBATE DE CUENCA.
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Hace
ya algún tiempo, el diario ABC se sirvió del comentario de la obra El
Libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión, editada por
Robert Laffont, para realizar un claro ejercicio de oportunismo político y, lo
que es peor, una burda banalización de la Historia contemporánea. La tesis del artículo que
firma Juan Pedro Quiñonero es tan simple como intencionada: el paraíso
comunista se edificó sobre millones decadáveres de los cuales veinte millones corresponderían
a la URSS
yalrededor de sesenta y cinco a China. La represión que los provoca no es algo
fortuito ni excepcional: "el terror comunista no es una desviación de un
modelo político original. Al contrario, es un cuerpo de doctrina dispuesta a servirse
de todos los servicios del Estado para imponer su ley a pueblos enteros",
se afirma mientras, paralelamente, se pregunta ¿quién se cobró más víctimas
inocentes, Hitler o el comunismo?
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Hitler (1939) |
La respuesta, por supuesto, viene dada: "globalmente los campos de exterminio nazis se cobraron 25 millones de muertos mientras que los campos de exterminio comunistas sumaron entre 85 y 100 millones de cadáveres? De la comparación resulta, y éste es un trasfondo intencional del artículo, que el régimen nazi fue benigno en relación al comunista. Claro que se olvida una cosa: esos "entre 85 y 100 millones de cadáveres" son producto de numerosos países y de un lapso temporal de 70 años. Aquellos 25 millones de muertos los ocasiona la política de un solo país durante 10 años. Si se hiciera una proyección no serían 25, sino1 75 millones. ¿Qué decir si el Reich nazi hubiera durado los mil años que, por fortuna equivocadamente, predijo Hitler? Entonces todos seríamos o arios o esclavos o muertos.
Este matiz, con serlo, no
es lo importante. Lo esencial es que tesis como la mantenida por el artículo se
insertan en lo que puede denominarse como trivialización del nazismo; es decir,
en una corriente "revisionista" que nos presenta a ese régimen de
maldad o como una desgracia más dentro de la nómina de las catástrofes de la Humanidad o, lo que es
peor, como el baluarte salvador del mundo occidental ante el empuje de las
hordas soviéticas. Ante ello, que a Hitler y a sus secuaces (una recentísima
investigación de Daniel J.Goldhagen demuestra algo intuido: que, en Alemania,
los nazis no estuvieron tan solos sino que gozaron de la colaboración activa de
millones de alemanes) se les fuera la mano es pura y disculpable contingencia.
De aquí a la verdad, media un mundo. Pero, qué importa si contribuye a la
consecución del objetivo pretendido que no es otro que algo que,d e modo
palmario, se viene agudizando desde 1989, desde el desmoronamiento del régimen
del "socialismo real": la demonización del comunismo; la demonización
de una ideología que, de pervivir, supondría cuestionar el triunfo del
pensamiento único triunfante, la victoria del capitalismo —tan festejada por
tantos, el ABC entre ellos— sin tener en cuenta que implica también el
triunfo de la desigualdad, de lo cual es ejemplo la paulatina trituración de
derechos sociales y del Estado del Bienestar que ocurre en nuestros días...
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Asesinato de oficiales polacos por las tropas rusas en Katyn |
Todo lo anterior no
significa, por supuesto, la ocultación de los crímenes perpretados por los
regímenes comunistas (de hecho tampoco,y pese a su pretendida novedad, libros
como el de Laffont o artículos como el de Quiñonero aportan gran cosa: hace ya
más de 50 años que los crímenes del estalinismo fueron denuciados por Raymond
Aron, Hannah Arendt o Albert Camus), ni siquiera su edulcoración, como algunos
pretenden, bajo el pretexto de responder "a una esperanza
equivocada". Como hace bien poco recordaba Bernard-Henri Levy (El
Mundo, 15-XII-1997), el fascismo y los regímenes comunistas son
comparables si consideramos que se trata de un género (el totalitarismo) que
tendría dos especies distintas, siendo precisamente el concepto de
totalitarismo "el único que, al unirlos, consigue decirnos algo de esos
dos acontecimientos esenciales y, lógicamente, irreductibles que son Auschwitz
y el Gulag". Proseguía diciendo que "comparar es pensar. Comparar es
hacer Historia. El gesto de comparar (..) es el gesto mismo del
conocimiento", para concluir su artículo diciendo que "hay que
comparar, pues, elfascismo con el estalinismo, para aislar lo que, en él,
resiste a la confrontación y dejar en evidencia absoluta, total y diáfana la
medida de su inhumanidad".
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Stalin y la hambruna planificada sobre Ucrania, 1932/1933 |
Para comparar creo absolutamente necesario responder a estas preguntas: ¿es el comunismo lo que ha fracasado, es el comunismo —entanto que doctrina— el responsable de aquellos crímenes?, ¿es comunismo sinónimo de los autoproclamados regímenes comunistas? Para dar una respuesta cabal a esta cuestión habría que acudir al pretendido modelo político original de dichos regímenes: al marxismo. Y en la teoría marxista primigenia, el comunismo sería el estadio final de la revolución proletaria en el cual no sólo quedaría suprimida cualquier forma de explotación sino, incluso, el Estado, consiguiéndose la culminación del ideal de libertad mediante la consecución de la igualdad. Esto, claro es, cuadra mal con unos regímenes que descansaban en la omnipotencia del Estado y que, del marxismo, sólo conservaban alaracas verbales y, no de una manera completa, la estatalización de la economía. Pero, antes aún que en su formulación marxiana, existen nociones de comunismo que, por citar algunos ejemplos, podemos rastrear en las obras de Platón o de Santo Tomás Moro. ¿Son ambos también, en tanto que comunistas, inductores de los genocidios soviético, chinopopular o polpotiano? El comunismo, como doctrina, ni diseña un progama de aniquilación ni parte de un impulso criminal originarios sino, al igual que el cristianismo u otras religiones, de un intento de emancipación de la humanidad que, a diferencia del cristianismo u otras religiones, no pospone para el cielo sino que pretende en el tierra. Otra cosa bien distinta son los asesinatos realizados en su nombre (en el del comunismo, en el del cristianismo, en el de otras religiones).
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Trabajo forzado en un gulag |
¿Se puede decir lo mismo
del nazismo? Difícilmente toda vez que su "modelo político original",
el Mein Kampf de Hitler, esboza un plan de dominación y exterminio
raciales que fue diligentemente seguido. Mas aún: en ningún otro régimen, sea
cual fuere la raíz y la crueldad de su totaliarismo, ha existido algo tan
absoluta ei nhumanamente específico como la Shoah, como el Holocausto judío. El nazismo nace,
se desarrolla y muere siendo criminal. No tener esto encuenta sería caer en
comparaciones ahistóricas con el trasfondo de unas estadísticas macabras. Por
eso el artículo que publicita ABC incurre en una intencionada
perversión de una materia, la
Historia, que adolece de numerosas malformaciones genéticas.
Para remediarlo, para
ofrecer una imagen más objetiva, y puestos ya que no en el análisis histórico
sino en el tremebundismo, hubiera sido de agradecer que, junto al Libro
Negro del comunismo, dicho semanario abriera sus páginas a los
"Libros Negros" de todas las represiones habidas, y no sólo de las
que afectan a quienes se hallan en sus antípodas ideológicas. Así, por ejemplo,
y por cercanía histórica, el Libro Negro del franquismo que, quizá, podía
encomendar a Ricardo de la Cierva,
todavez que tal diario editó en fascículos su, más que biografía, hagiografía
de Franco. Y, amigos como son de las comparaciones, y dado que en el artículo de Quiñonero
se dice que "Lenin ordena por escrito, de modo muy enérgico, expeditivo y
terminante, cómo es necesario ejecutar ... a los enemigos políticos, y pide a
sus verdugos materiales que se dé mucha publicidad «pedagógica» a esas
ejecuciones", no tendría poco provecho comentar, como él mismo lo hizo en
una entrevista concedida a Jay Allen el 29 de julio de 1936, que Franco estaba
dispuesto a "pacificar" el país aunque para ello tuviera que fusilar
a media España. También sería instructivo contar que, además de firmar
numerosas sentencias a muerte, en ocasiones se esmeraba al decretar
"garrote y prensa", es decir: forma de ejecución y publicidad.
O, por
añadir otra perla, cómo pese a las protestas de alguno de sus compañeros de
armas como el general Cabanellas ante las excursiones organizadas por el
Director General de Prisiones, Joaquín del Moral, para disfrutar de las
ejecuciones del día en Burgos, Franco no hizo nada por evitar tan formativa
manera de entretenimiento. Y, ya puestos a hablar de modelos políticos
originales, por qué no citar esta frase, pronunciada en el marco de una arenga
en Radio Jerez el 24 de julio de 1936, del que fuera Consejero Nacional del
Movimiento y Secretario "perpetuo" de la Real Academia, José
María Pemán: "la guerra, con su luz de fusilería, nos ha abierto los ojos
a todos. La idea de turno o juego político ha sido sustituida para siempre por
la idea de exterminio y de expulsión".

Podría, por qué no, incluir
en su semanario el Libro Negro del cristianismo, relatando los crímenes y
montones de cadáveres —inquisiciones varias, cremaciones incluidas; progromos,
guerras de religión, cruzadas, santificación de los vuelos de la muerte en
Argentina— sobre los que se fueron imponiendo los catecismos; cadáveres a los
que de poco consuelo les sirve, al igual que a Galileo, la tardía contricción
del Vaticano. Y, de este modo, despreciando sus aportaciones positivas,
concluir que esta doctrina "devoró millones de víctimas inocentes ... en
nombre de la voracidad implacable de una minoría ideológica con vocación
imperial y totalitaria".
Ya en ello, tampoco vendría
mal un repaso al Libro Negro del yanquismo para así resucitar, aunque sólo
fuera por el peso de los números, las inocentes víctimas de Hiroshima y
Nagasaki —claro que,sin la aportación de sus cuerpos a la ciencia, no se
hubiera podido desarrollar una energía tan inocua como la derivada de la fisión
nuclear—, del bombardeo de Dresde o de los que, con napalm, se realizaron sobre
los campesinos vietnamitas.
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Hiroshima, Four Months After, 1945. Alfred Eisenstaedt. |
Quizá también, y a pesar
del informe Fungairiño, tendrían cancha en el recuento los miles de cadáveres
con que se adornan las dictaduras sustentadas desde Washington (por cierto que
el insigne benefactor del pueblo chileno, Augusto Pinochet, ha sido
recientemente acusado de haber ordenado personalmente el asesinato de 53
civiles), o los difuntos que provoca su ensañamiento contra Irak, Estado al que
anteriormente no tuvo reparo alguno en armar contra Irán.

Por supuesto que no estaría
nada mal (uf, lo mismo que me juego una fatwa condenatoria) dar cabida en esta
negra biblioteca al Libro Negro del Islamismo, y a su creciente propensión a la
intolerancia y a justificar santas guerras y santos crímenes; eso en la
actualidad que, en el pasado, tampoco estaría de más tratar de su labor de
cazaesclavos allá por la cuenca del Níger (por ejemplo).
Sería, por último, muy
conveniente abrir el Libro Negro del abecismo; es decir, de la ignorancia y la
ceguera que promueve una historia hecha por moralistas a posteriori y
carroñeros selectivos, forjada de verdades a medias, de mentiras interesadas.
Grandes Obras de
El Toro de Barro
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PVP: 10 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
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En un dramático–y real– camino de retorno,
algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz vijaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo
de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El
encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó
una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga
infantil Amela Einat en La cicatriz del humo,
Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de
experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las
generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat
es una reputada e innovadora especialista
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