domingo, 3 de marzo de 2013

«Polémica sobre Pío XII y el nazismo», por Fernando Navarro

Pio XII y Hitler


Fernando Navarro
Polémica sobre Pío XII y el nazismo
 
Tal día como hoy, el 2 de marzo de 1939, el cardenal Eugenio Pacelli fue elegido Papa adoptando el nombre de Pío XII.
 Fue un Papa muy polémico, pues vivió la época más turbulenta del siglo XX y le tocó lidiar con Hitler y Mussolini, unos personajes que no requieren presentación. Al otro lado, estaba Stalin; otra bestia para dar de comer aparte. Pio XII intentó por todos los medios el "apaciguamiento" con Hitler, como también lo hizo la Inglaterra de Chamberlain o los EEUU de Roosevelt (que de ningún modo querían entrar en otra guerra mundial).
Su actitud durante la guerra fue muy criticada (especialmente a partir de 1963) y, sin embargo, la historia del catolicismo durante el nazismo creo que aún está por escribir. No es que no existan publicaciones (son muy numerosas) sino que falta distancia y desapasionamiento ideológico o religioso. La literatura existente oscila entre el sonrojante panegírico del Papa "salvador de judíos en Roma" hasta el a mi juicio falso e injusto calificativo de "Papa nazi".
 Por otra parte, en Alemania una gran parte de la oposición al nazismo fue católica o protestante (Von Galen, los estudiantes de la "Rosa Blanca", Boenhoffer, algunos miembros del Circulo de Kreislau...) y, obviamente, Roma y el Papa estaban al tanto. Es recomendable leer la correspondencia privada del obispo alemán Von Galen y Pio XII, pues en ella queda bien clara la táctica del Papa: ambigüedad desde un frágil Vaticano (hubo planes nazis para secuestrar al Papa) e instrucciones a los obispos alemanes de oponerse al nazismo. Un juego que históricamente le paso factura.
 Cuando se le critica su tibieza con el nazismo, se olvida que en calidad de Secretario de Estado de Pio XI fue coautor en 1937 de la encíclica "Mit brennender Sorge" (Con Enorme Preocupación) en donde condenaba sin paliativos la doctrina totalitaria y racista del nacionalsocialismo alemán. Esta encíclica se escribió a iniciativa de los obispos alemanes y fue redactada en Roma en un primer borrador por Michael von Faulhaber (arzobispo de Münich) y Freising, siendo Pacelli el autor del texto definitivo. La encíclica fue leída en todas las iglesias alemanas el Domingo de Ramos (21 de marzo), provocando la ira de Hitler. Con razón podría decir Pío XII en 1939, aludiendo a este valiente documento de su predecesor: “Nadie podría acusar a la Iglesia de no haber denunciado y señalado a su tiempo el verdadero carácter del movimiento nacionalsocialista y el peligro en que él ponía a la civilización cristiana”. Como medida preventiva, antes de su coronación, Pio XII había redactado ante notario una carta de renuncia en el caso de que fuera hecho prisionero por los nazis. Viene al caso recordar también que en 1939 publicó su primera encíclica, Summi Pontificatus (20 de octubre), en la que condenaba cualquier forma de totalitarismo y de racismo: “Las naciones, a pesar de la diferencia de desarrollo, debido a diversas condiciones de vida y de la cultura, no están destinados a romper la unidad de la raza humana, sino más bien enriquecerla y embellecerla por el reparto de sus dones peculiares y el intercambio recíproco de los bienes”. Pio XII volvería a insistir en su condena al racismo y a la eugenesia en su encíclica Mystici Corporis Christi (29 de junio de 1943). Es cierto que el lenguaje de tales encíclicas resulta demasiado alambicado y simbólico para quienes amamos fórmulas más directas, pero ese ha sido el estilo de la Iglesia desde su fundación y sería ocioso entrar a debatir las ventajas e inconvenientes de que el Papa escribiera como un Notario.
 Personalmente, y tras haber dedicado unos años de mi vida a estudiar el horror nazi, no creo que las iglesias católicas y protestantes -como instituciones- apoyaran al nazismo, aunque si lo hicieron algunas de sus elites (igual que sucedió en todos los ámbitos de la vida: arte, literatura, filosofía, deporte,...). Pero también la iglesia y muchos otros de sus líderes (von Galen a la cabeza) se opusieron con energía a los desmanes nazis (las leyes eugenésicas de Hitler tuvieron que ser paralizadas por la presión cristiana).
 La voluntad "sincronizadora" del nazismo (palabra básica del lenguaje del III Reich, como nos recordó Klemperer) con respecto a la religión llegó al extremo de inventar una nueva iglesia "nazi-cristiana": La "Iglesia de los Cristianos Alemanes", con un tal Müller de pseudo-Papa. Dicha Iglesia eliminó todo lo "judío" del cristianismo e integró la mística racial nazi. Un verdadero desvarío que, como sabemos, no sería el último de los muchos perpetrados por el nazismo.
 El nazismo fue una religión pagana y siempre vio en el cristianismo un enemigo a batir; un competidor. Rosenberg (el ideólogo del nazismo) y Goebbels (su propagandista) propugnaban acabar con judíos y cristianos al mismo tiempo, mientras que Hitler -mucho más cauto y realpolitik - optó por "devolverles ciento por uno, al terminar la guerra" (así se recoge en sus conocidas "conversaciones de sobremesa"). Hitler odiaba al cristianismo y dio muestras publicas y legislativas de ello durante sus 12 años de régimen de terror, apartando paulatinamente a la iglesia de la vida pública (lo que sucediera en los hogares y en los corazones no era tan controlable, ni siquiera por un Estado totalitario)
 Durante la guerra el Vaticano fue un Estado neutral, como lo fueron Suiza o EEUU (hasta diciembre de 1941), y esa neutralidad sumada a su debilidad militar y geográfica (enclavado dentro de la Italia fascista, aliada de Alemania) forzaba a ser extremadamente cauto en sus declaraciones (como sucedió con el criticado discurso de Navidad de 1942; un discurso que por cierto cuyo mensaje los nazis entendieron perfectamente y criticaron furibundamente ¡Por algo lo atacarían, digo yo!).
 Es preciso insistir en que la neutralidad exige moderación por mucho que repugne a los líderes políticos del Estado neutral: la inmortal película de Chaplin "El Gran Dictador", tuvo problemas para ser estrenada en los EEUU en 1940 porque en esas fechas los EEUU eran todavía un estado neutral y Roosevelt no quería  violar tan expresamente su neutralidad.
 Muchas personas de bien se preguntan por qué Pio XII no denunció al nazismo tras la guerra del mismo modo que si lo hizo del comunismo en 1948. Confieso que no lo sé. Lo fácil habría sido hacerlo (y probablemente eso habría sido también criticado por sus detractores como una  "denuncia oportunista"). En todo caso, no creo que esa ausencia de denuncia "ex post" sea sinónimo de filonazismo. Por una pura cuestión de supervivencia – más allá de irreconciliables discrepancias doctrinales de fondo - Pio XII no podía simpatizar con el nazismo. Y a pesar de todo no ignoro que muchos católicos abrazaron con fervor el nazismo y numerosos criminales de guerra nazis (Adolf Eichmann, Gustav Wagner, Alois Brunner, Erich Priebke, Eduard Roschmann, Franz Stangl, Walter Rauff, Klaus Barbie y Josef Mengele entre otros) lograron huir –vía Vaticano- gracias a la "ruta de los monasterios" o "ruta de las ratas", habilitada por el obispo Alois Hudal quien afirmó en sus memorias que contaba con la aquiescencia vaticana para favorecer esta huida.
 En una carta de 30 de septiembre de 1941 de Pio XII a von Preysing, obispo de Berlín, el Papa alude a los famosos y valientes discursos antinazis del obispo von Galen: “Las tres predicaciones del obispo von Galen nos producen también a nosotros en la vía del dolor que recorremos junto a los católicos alemanes, un consuelo y una satisfacción que hace tiempo no experimentábamos. El obispo ha elegido bien el momento de aparecer con tanto valor”. Al aludir a dicha carta en mi “Diccionario biográfico de nazismo y III Reich” (editorial Sepha, 2010) añado el siguiente párrafo, en el que resumo mi actual impresión: “Sin embargo, se trata de una carta privada. Su posicionamiento público fue mucho más cauto. Su neutralidad ambigua y equidistante en extremo es probablemente el aspecto más cuestionable de su posición como cabeza de la iglesia católica, no así como soberano de la Ciudad de El Vaticano pues desde el punto de vista político probablemente actuó de la mejor manera. Como líder espiritual de millones de creyentes, su discurso de Navidad de 1942, cuando ya se conocían algunos datos del holocausto, fue de un eclecticismo que hoy en día sigue produciendo sonrojo. Sin embargo, calificarlo de “Papa nazi” no solo es injusto, sino manifiestamente erróneo. También la Cruz Roja, un movimiento al que nadie osaría calificar de nazi, mantuvo una estricta neutralidad durante la guerra, aún siendo conocedora de lo que estaba sucediendo en los campos de exterminio (por estar presente en ellos aliviando el dolor de las víctimas). Ante el dilema de denunciar y ser expulsados o callar y continuar su labor asistencial con los confinados, la Cruz Roja optó por callar (razón por la que, por otra parte, ha sido también muy criticada). La santificación de Pío XII, habida cuenta de las dudas existentes en cuanto a su “tibieza” durante la guerra, tendrá que estar muy bien fundamentada. Las evidencias disponibles apuntan a que sus decisiones políticas como Jefe de Estado fueron las únicas posibles en aquella coyuntura (neutralidad exterior y ataques subrepticios y modestos al nazismo) y sin embargo su actuación como autoridad moral de millones de creyentes sigue resultando hoy en día muy cuestionable para muchas personas
 Creo que los archivos secretos del pontificado de Pio XII se abren este año. Quizás eso arroje más luz sobre un Papa cuya historia ha sido muy tergiversada por detractores y panegiristas. Ojala la comisión paritaria católico-judia que reanudó sus indagaciones en 2010 llegue a arrojar la luz que anhelamos quienes amamos la historia y buscamos la verdad por cruda que resulte. Por eso decía al inicio de mi artículo que es preciso escribir una nueva historia de su pontificado que aclare los aspectos más cuestionables de sus actos y omisiones.
  


Posdata: otro día podemos entrar a estudiar la posición de otros líderes religiosos con respecto al nazismo; por ejemplo el Gran Mufti de Jerusalén. La actitud de tal líder es una infamia mas que debe añadirse a la cuenta del islam y de la que se suele hablar muy poco (supongo que por no ofender a quienes se pasan la existencia ofendidos). Ese personaje - conocido en la Alemania nazi como "el Fuhrer de los árabes"- no se limitó a reunirse con Hitler o a ser acogido y agasajado por los nazis, sino que apoyó decididamente al nazismo y en 1940 pidió a Hitler la expulsión de los judíos asentados en Palestina. Mucha gente desconoce que las SS llegaron a tener una sección "islámica", autorizada a llevar un uniforme especial (tocada de fez con una media luna); un dato asaz más sorprendente en tanto en cuanto los símbolos religiosos cristianos habían sido proscritos íntegramente en los uniformes de las SS y en todos sus actos (en su locura anticlerical Himmler llegó a “inventarse” ceremonias de bautismo, matrimonio y funeral 100% paganas, llenas de runas, velas y demás atrezzo propio de "El Hobbit").







1 comentario:

Anónimo dijo...

Felicidades por todos sus artículos, y sobre Pío XII, recién acabo de leer un libro que me gustaría recomendar "Pío XII versus Hitler y Mussolini " escrito por el sacerdote Carlos Ros en la editorial Monte Carmelo.