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Pio XII y Hitler |
Fernando Navarro
Polémica sobre
Pío XII y el nazismo
Tal día como hoy, el 2 de marzo de
1939, el cardenal Eugenio Pacelli fue elegido Papa adoptando el nombre
de Pío XII.
Fue
un Papa muy polémico, pues vivió la época más turbulenta del siglo XX y le tocó
lidiar con Hitler y Mussolini, unos personajes que no requieren presentación.
Al otro lado, estaba Stalin; otra bestia para dar de comer aparte. Pio XII
intentó por todos los medios el "apaciguamiento" con Hitler,
como también lo hizo la
Inglaterra de Chamberlain o los EEUU de Roosevelt (que de
ningún modo querían entrar en otra guerra mundial).
Su
actitud durante la guerra fue muy criticada (especialmente a partir de 1963) y,
sin embargo, la historia del catolicismo durante el nazismo creo que aún está
por escribir. No es que no existan publicaciones (son muy numerosas) sino que
falta distancia y desapasionamiento ideológico o religioso. La literatura
existente oscila entre el sonrojante panegírico del Papa "salvador de
judíos en Roma" hasta el a mi juicio falso e injusto calificativo de
"Papa nazi".
Por
otra parte, en Alemania una gran parte de la oposición al nazismo fue católica
o protestante (Von Galen, los estudiantes de la "Rosa Blanca",
Boenhoffer, algunos miembros del Circulo de Kreislau...) y,
obviamente, Roma y el Papa estaban al tanto. Es recomendable leer la
correspondencia privada del obispo alemán Von Galen y Pio XII, pues en ella
queda bien clara la táctica del Papa: ambigüedad desde un frágil Vaticano (hubo
planes nazis para secuestrar al Papa) e instrucciones a los obispos alemanes de
oponerse al nazismo. Un juego que históricamente le paso factura.
Cuando
se le critica su tibieza con el nazismo, se olvida que en calidad de Secretario
de Estado de Pio XI fue coautor en 1937 de la encíclica "Mit
brennender Sorge" (Con Enorme Preocupación) en donde
condenaba sin paliativos la doctrina totalitaria y racista del nacionalsocialismo
alemán. Esta encíclica se escribió a iniciativa de los obispos alemanes y fue
redactada en Roma en un primer borrador por Michael von Faulhaber (arzobispo de
Münich) y Freising, siendo Pacelli el autor del texto definitivo. La encíclica fue
leída en todas las iglesias alemanas el Domingo de Ramos (21 de marzo),
provocando la ira de Hitler. Con razón podría decir Pío XII en 1939, aludiendo
a este valiente documento de su predecesor: “Nadie podría acusar a la Iglesia de no haber
denunciado y señalado a su tiempo el verdadero carácter del movimiento
nacionalsocialista y el peligro en que él ponía a la civilización cristiana”.
Como medida preventiva, antes de su coronación, Pio XII había redactado ante
notario una carta de renuncia en el caso de que fuera hecho prisionero por los
nazis. Viene al caso recordar también que en 1939 publicó su primera encíclica,
Summi Pontificatus (20 de octubre), en la que condenaba cualquier
forma de totalitarismo y de racismo: “Las naciones, a pesar de la diferencia
de desarrollo, debido a diversas condiciones de vida y de la cultura, no están
destinados a romper la unidad de la raza humana, sino más bien enriquecerla y
embellecerla por el reparto de sus dones peculiares y el intercambio recíproco
de los bienes”. Pio XII volvería a insistir en su condena al racismo y a
la eugenesia en su encíclica Mystici Corporis Christi (29 de junio de
1943). Es cierto que el lenguaje de tales encíclicas resulta demasiado
alambicado y simbólico para quienes amamos fórmulas más directas, pero ese ha
sido el estilo de la Iglesia
desde su fundación y sería ocioso entrar a debatir las ventajas e
inconvenientes de que el Papa escribiera como un Notario.
Personalmente,
y tras haber dedicado unos años de mi vida a estudiar el horror nazi, no creo
que las iglesias católicas y protestantes -como instituciones- apoyaran al
nazismo, aunque si lo hicieron algunas de sus elites (igual que sucedió en
todos los ámbitos de la vida: arte, literatura, filosofía, deporte,...). Pero
también la iglesia y muchos otros de sus líderes (von Galen a la cabeza) se
opusieron con energía a los desmanes nazis (las leyes eugenésicas de Hitler
tuvieron que ser paralizadas por la presión cristiana).
La
voluntad "sincronizadora" del nazismo (palabra básica del lenguaje
del III Reich, como nos recordó Klemperer) con respecto a la religión llegó al
extremo de inventar una nueva iglesia "nazi-cristiana": La "Iglesia
de los Cristianos Alemanes", con un tal Müller de pseudo-Papa. Dicha
Iglesia eliminó todo lo "judío" del cristianismo e integró la mística
racial nazi. Un verdadero desvarío que, como sabemos, no sería el último de los
muchos perpetrados por el nazismo.
El
nazismo fue una religión pagana y siempre vio en el cristianismo un enemigo a
batir; un competidor. Rosenberg (el ideólogo del nazismo) y Goebbels (su
propagandista) propugnaban acabar con judíos y cristianos al mismo tiempo,
mientras que Hitler -mucho más cauto y realpolitik - optó por "devolverles
ciento por uno, al terminar la guerra" (así se recoge en sus
conocidas "conversaciones de sobremesa"). Hitler odiaba al
cristianismo y dio muestras publicas y legislativas de ello durante sus 12 años
de régimen de terror, apartando paulatinamente a la iglesia de la vida pública
(lo que sucediera en los hogares y en los corazones no era tan controlable, ni
siquiera por un Estado totalitario)
Durante
la guerra el Vaticano fue un Estado neutral, como lo fueron Suiza o EEUU (hasta
diciembre de 1941), y esa neutralidad sumada a su debilidad militar y
geográfica (enclavado dentro de la
Italia fascista, aliada de Alemania) forzaba a ser
extremadamente cauto en sus declaraciones (como sucedió con el criticado
discurso de Navidad de 1942; un discurso que por cierto cuyo mensaje los nazis
entendieron perfectamente y criticaron furibundamente ¡Por algo lo atacarían,
digo yo!).
Es
preciso insistir en que la neutralidad exige moderación por mucho que repugne a
los líderes políticos del Estado neutral: la inmortal película de Chaplin
"El Gran Dictador", tuvo problemas para ser estrenada en los
EEUU en 1940 porque en esas fechas los EEUU eran todavía un estado neutral y
Roosevelt no quería violar tan expresamente su neutralidad.
Muchas
personas de bien se preguntan por qué Pio XII no denunció al nazismo tras la
guerra del mismo modo que si lo hizo del comunismo en 1948. Confieso que no lo
sé. Lo fácil habría sido hacerlo (y probablemente eso habría sido también
criticado por sus detractores como una "denuncia oportunista").
En todo caso, no creo que esa ausencia de denuncia "ex post" sea
sinónimo de filonazismo. Por una pura cuestión de supervivencia – más allá de
irreconciliables discrepancias doctrinales de fondo - Pio XII no podía
simpatizar con el nazismo. Y a pesar de todo no ignoro que muchos católicos
abrazaron con fervor el nazismo y numerosos criminales de guerra nazis (Adolf
Eichmann, Gustav Wagner, Alois Brunner, Erich Priebke, Eduard Roschmann, Franz
Stangl, Walter Rauff, Klaus Barbie y Josef Mengele entre otros) lograron huir
–vía Vaticano- gracias a la "ruta de los monasterios" o
"ruta de las ratas", habilitada por el obispo Alois Hudal
quien afirmó en sus memorias que contaba con la aquiescencia vaticana para
favorecer esta huida.
En
una carta de 30 de septiembre de 1941 de Pio XII a von Preysing, obispo de
Berlín, el Papa alude a los famosos y valientes discursos antinazis del obispo
von Galen: “Las tres predicaciones del obispo von Galen nos producen
también a nosotros en la vía del dolor que recorremos junto a los católicos
alemanes, un consuelo y una satisfacción que hace tiempo no experimentábamos.
El obispo ha elegido bien el momento de aparecer con tanto valor”. Al
aludir a dicha carta en mi “Diccionario biográfico de nazismo y III Reich”
(editorial Sepha, 2010) añado el siguiente párrafo, en el que resumo mi actual
impresión: “Sin embargo, se trata de una carta privada. Su posicionamiento
público fue mucho más cauto. Su neutralidad ambigua y equidistante en extremo
es probablemente el aspecto más cuestionable de su posición como cabeza de la
iglesia católica, no así como soberano de la Ciudad de El Vaticano pues desde el punto de
vista político probablemente actuó de la mejor manera. Como líder espiritual de
millones de creyentes, su discurso de Navidad de 1942, cuando ya se conocían
algunos datos del holocausto, fue de un eclecticismo que hoy en día sigue
produciendo sonrojo. Sin embargo, calificarlo de “Papa nazi” no solo es
injusto, sino manifiestamente erróneo. También la Cruz Roja, un movimiento
al que nadie osaría calificar de nazi, mantuvo una estricta neutralidad durante
la guerra, aún siendo conocedora de lo que estaba sucediendo en los campos de
exterminio (por estar presente en ellos aliviando el dolor de las víctimas).
Ante el dilema de denunciar y ser expulsados o callar y continuar su labor
asistencial con los confinados, la
Cruz Roja optó por callar (razón por la que, por otra parte,
ha sido también muy criticada). La santificación de Pío XII, habida cuenta de
las dudas existentes en cuanto a su “tibieza” durante la guerra, tendrá que
estar muy bien fundamentada. Las evidencias disponibles apuntan a que sus
decisiones políticas como Jefe de Estado fueron las únicas posibles en aquella
coyuntura (neutralidad exterior y ataques subrepticios y modestos al nazismo) y
sin embargo su actuación como autoridad moral de millones de creyentes sigue
resultando hoy en día muy cuestionable para muchas personas”
Creo
que los archivos secretos del pontificado de Pio XII se abren este año. Quizás
eso arroje más luz sobre un Papa cuya historia ha sido muy tergiversada por
detractores y panegiristas. Ojala la comisión paritaria católico-judia que
reanudó sus indagaciones en 2010 llegue a arrojar la luz que anhelamos quienes
amamos la historia y buscamos la verdad por cruda que resulte. Por eso decía al
inicio de mi artículo que es preciso escribir una nueva historia de su
pontificado que aclare los aspectos más cuestionables de sus actos y omisiones.
Posdata: otro día podemos
entrar a estudiar la posición de otros líderes religiosos con respecto al
nazismo; por ejemplo el Gran Mufti de Jerusalén. La actitud de tal
líder es una infamia mas que debe añadirse a la cuenta del islam y de la que se
suele hablar muy poco (supongo que por no ofender a quienes se pasan la
existencia ofendidos). Ese personaje - conocido en la Alemania nazi como "el
Fuhrer de los árabes"- no se limitó a reunirse con Hitler o a ser
acogido y agasajado por los nazis, sino que apoyó decididamente al nazismo y en
1940 pidió a Hitler la expulsión de los judíos asentados en Palestina. Mucha
gente desconoce que las SS llegaron a tener una sección "islámica",
autorizada a llevar un uniforme especial (tocada de fez con una media luna); un
dato asaz más sorprendente en tanto en cuanto los símbolos religiosos
cristianos habían sido proscritos íntegramente en los uniformes de las SS y en
todos sus actos (en su locura anticlerical Himmler llegó a “inventarse”
ceremonias de bautismo, matrimonio y funeral 100% paganas, llenas de runas,
velas y demás atrezzo propio de "El Hobbit").
3 comentarios:
Felicidades por todos sus artículos, y sobre Pío XII, recién acabo de leer un libro que me gustaría recomendar "Pío XII versus Hitler y Mussolini " escrito por el sacerdote Carlos Ros en la editorial Monte Carmelo.
Seria tan amable de corregir el pie de foto. El Arzobispo que aparece con Hitler no es su Santidad Pio XII
Es el Arzobispo de Munich.
Por favor corregir el pie de Foto. La persona que esta con Hitler es el Arzobispo de Munich. No es el Papa Pio XII.
Es un error. Gracias por rectificar.
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