viernes, 2 de enero de 2015

«La gran farsa de Terezin», por Jacobo Kaufmann

Un momento del "estreno" en Theresienstadt de Brundibar - El abejorro-.
Jacobo Kaufmann
La gran farsa de Terezin
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Publicado en la revista Por Israel, El 17 de diciembre de 2012

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En mi artículo “Un emperador en el gueto de Terezin” (RAÍCES, número 77, año XXII, 2008-2009, págs. 14-19), mencioné principalmente las actividades culturales y artísticas desarrolladas por los prisioneros judíos en el gueto de ese nombre. Es cierto que también señalé en forma escueta las innumerables penurias, humillaciones, torturas y asesinatos sufridos por los mismos, y que ofrecí algunos datos estadísticos e históricos, pero ello me parece hoy insuficiente. Aunque más no sea en forma sintética y dejando mucho por contar en el tintero, se impone ahora, a fin de proveer información a los lectores hispano hablantes sobre aspectos menos conocidos, una descripción más detallada sobre la creación de este gueto, que fue en realidad un campo de concentración, sus funciones, su manejo, y la publicación de los nombres de los protagonistas de esta diabólica farsa, ideada y montada por los más altos jerarcas nazis.


 El gueto
A fines del verano de 1939 Hitler, conjuntamente con Heinrich Himmler (1900-1945) y Alfred Rosenberg (1893-1946), el más encumbrado “intelectual” nazi, desarrollaron, a los efectos de una solución territorial temporal de la cuestión judía, la idea de una zona de reserva judía (Judenreservat) en las cercanías de la ciudad de Lublin, que ya había estado en la mira de los planificadores nazis desde 1930. En 1939, cuando Alemania ocupó a Polonia, la zona de Lublin quedó dentro del así llamado Generalgouvernement, bajo el comando del verdugo de Varsovia Hans Frank (1900-1946), quien el 25 de noviembre de ese año propuso el envío de un millón de judíos a esa zona pantanosa de unos mil kilómetros cuadrados, “donde pronto quedarán diezmados por inanición y enfermedades”. Ello dio lugar a que Adolf Eichmann (1906-1962), entonces jefe de la Oficina Central de Emigración Judía para el Protectorado de Bohemia y Moravia, estableciera un campo de tránsito, una especie de gueto, cerca de Nisko, dentro del mencionado distrito de Lublin. Por motivos de organización los envíos de judíos fueron suspendidos poco después. Cerca de allí se levantarían en cambio los campos de exterminio nazi de Belzec, Majdanek y Sobibor.
Después de la caída de Francia, el 15 de agosto de 1940, los líderes nazis volvieron a plantear una solución territorial temporal de la cuestión judía en Madagascar, a la sazón colonia gala, pero esa idea fue desechada bien pronto. Entre 1939 y 1940 los nazis iniciaron la reclusión de los judíos del centro y este europeo en centenares de guetos pavorosos y asfixiantes.
El 10 de junio de 1940 la Gestapo toma control de la Kleine Festung (Fortaleza Chica) de Terezin, estableciendo allí una prisión destinada a torturas y ejecuciones al mando de Heinrich Jöckel (1898-1946). El 10 de octubre de 1941, Reinhard Heydrich (1904-1942), seguramente uno de los más siniestros y cínicos de los jerarcas nazis, el mismo que presidió la Conferencia de Wannsee en 1942, en la que fue decidida la solución final de la cuestión judía por medio del genocidio, elige la fortaleza de Terezin (Theresienstadt) como su sitio preferido para el “asentamiento” de aquellos judíos austríacos, alemanes y checos mayores de 65 años, que fuesen veteranos de la Primera Guerra Mundial, heridos o altamente condecorados, o que gozaran de suficiente celebridad nacional e internacional, para poder mostrarlos en caso de que se iniciasen indagaciones de otros países. Una semana después se decide la creación del gueto, cuya función es definida claramente en una reunión secreta, de la cual se conserva el protocolo, “como campo de encerramiento y estación de tránsito hacia los campos de exterminio en el este”. El 16, 21 y 31 de octubre, así como el 3 de noviembre ya habían salido los primeros transportes, de cerca de mil judíos cada uno, desde Praga hacia Lodz, y el 26 de noviembre otro en dirección de Minsk.
Heydrich encarga la tarea de establecer y organizar el gueto de Terezin a la oficina IV B 4 de la Gestapo, bajo la jefatura de Eichmann, y a Rolf Günther (1913-1945), adjunto del mismo. El 30 de octubre Eichmann nombra al Dr. Siegfried Seidl (1911-1947) comandante del nuevo gueto. Ya al día siguiente Seidl se presenta ante Hans Günther (1910-1945), jefe de la Oficina Central para la Emigración Judía en Praga, y ese mismo día sigue viaje hacia Terezin, para coordinar con los jefes locales de la Wehrmacht el desalojo y evacuación de los pobladores locales de los cuarteles. A continuación ordena a la Comunidad Judía de Praga la formación de un “comando de construcción” para la organización física del gueto, integrado por 342 jóvenes, que son deportados a Terezin el 24 de noviembre de 1941. A esta altura de los acontecimientos, en la comunidad judía todavía hay quien opina que la rápida instalación del gueto Terezin evitará otros transportes al este.
Seidl y Karl Bergl, su temido y brutal lugarteniente, siempre armado de un garrote, llegan a comienzos de diciembre. El 4 de ese mes Eichmann designa al líder sionista de Praga, Jacob Edelstein (1903-1944) decano del Consejo de Ancianos Judíos, que será responsable de la ficticia “administración autónoma” de Theresienstadt, y al ingeniero Otto Zucker (1892-1944) como a su suplente, que son deportados allí ese mismo día juntos con otro “comando de construcción”, que consta de unas mil personas. El 19 de enero de 1942, un día antes de la Conferencia de Wannsee, Eichmann, acompañado de Seidl y de Bergl, inspecciona el gueto, lo considera perfectamente adecuado, y es elogiado por su visita en el parte diario de la SS.

El Consejo de Ancianos
Aquí nos detendremos un poco, para aclarar cómo funcionaba el Consejo de Ancianos Judíos, sus atribuciones y limitaciones. En apariencia era una especie de gobierno autónomo que debía ocuparse de todos los aspectos técnicos, médicos y sociales del gueto, como los repartos de comida, los alojamientos de los reclusos, agua, canalización, electricidad, higiene, salud pública, combate de epidemias, tratamientos contra piojos, pulgas y roedores, orden público, etc. Bajo las órdenes directas del decano se encontraban la Ghettowache (guardia civil del gueto), la sección de investigaciones, y el “banco del gobierno autónomo judío” El Consejo también tenía a su cargo y era responsable de toda una serie de tareas administrativas, entre ellas la publicación de ordenanzas, redacción de partes diarios, censos de población, informes sobre los integrantes de los transportes ingresados a Terezin, y confección de las listas de deportados a los campos de exterminio del este. A los ojos de la población del gueto, este Consejo, y mucho más aún su decano, que debía designar a sus miembros personalmente, tenían la imagen de personas todopoderosas. En realidad todas las órdenes y decisiones provenían del comandante del Lager, y de sus superiores en Praga, Viena y Berlin. (En alemán la palabra Lager puede significar no sólo campo o campamento, sino también depósito de mercaderías y desechos, o recinto de almacenamiento). Seidl, el Lagerkommandant, y los comandantes que le siguieron, daban todas sus órdenes en forma verbal, y los decanos del Consejo de Ancianos debían ejecutarlas y ponerlas por escrito. Con ello los comandantes y la SS no se comprometían a nada, se quitaban de encima responsabilidades, y en apariencia se mantenía la autonomía de los judíos. La dictadura de la SS era a la vez ilimitada y encubierta. Nunca mostró o entregó a nadie documento oficial alguno u órdenes escritas, escondiéndose siempre, como una especie de oráculo, detrás de las autoridades judías. Con ello la SS también se ahorraba mucho trabajo. Los comandantes evitaban el contacto directo con los prisioneros. Para éstos, los decanos eran sus personas de referencia, a veces para bien y mayormente para mal. Todas las desgracias parecían provenir del Consejo de Ancianos y de su decano, y éste, a pesar de toda su buena voluntad y esfuerzos para el bienestar y seguridad física de los prisioneros, se convertía en blanco de críticas feroces, injurias, maldiciones, acusaciones y calumnias. Por otra parte la SS se encargaba diariamente de confrontar al decano con su propia impotencia y desmayo, de minar su resistencia física y mental, y al mismo tiempo de mantener en público su ficticia imagen de poder.

Los primeros en llegar
 
Ya en enero de 1942 comenzaron a llegar al gueto de Terezin millares de judíos, principalmente del Protectorado de Bohemia y Moravia y de Alemania, y muy pronto, el 9 y el 15 de ese mes, se iniciaron las deportaciones sistemáticas hacia el este. Los alemanes no se preocuparon nunca de la superpoblación y condiciones de asfixia de los prisioneros. En un principio no hubo camas, ni siquiera aún camastros de varios pisos. La gente dormía sobre el frío piso de cemento o sobre bolsas de paja húmedas. Durante los primeros días no hubo reparto de comida, y los prisioneros debieron alimentarse de provisiones traídas por algunos de ellos. Más tarde tuvieron que formar largas filas, y recibir sus magras raciones en recipientes de aluminio. No existía la posibilidad de cocinar. Había que comer de pie. Escribir cartas estaba terminantemente prohibido. También estaba prohibido fumar. Todos los prisioneros eran obligados a cortarse el cabello. Estaba prohibido caminar sobre la acera. Toda persona uniformada debía ser saludada. Al caer la noche estaba prohibido salir a la calle. Se obligaba a los prisioneros a entregar todo, dinero, joyas, tabaco, conservas, papel para escribir cartas, y medicamentos que hubiesen traído.
Contra toda infracción a una de estas órdenes existía la amenaza de pena de muerte. Por las más pequeñas transgresiones uno se exponía a golpizas y otras penas corporales en plena calle. El 10 de enero de 1942, Seidl ordenó la ejecución pública de 16 prisioneros, en una horca colocada en la fortaleza grande, por infringir algunas de sus órdenes. Como consecuencia de esa medida los prisioneros comenzaron a apercibirse de le realidad de su situación, y muchos perdieron la esperanza de poder sobrevivir hasta el fin de la guerra. Amasados y apilados, con espacio apenas para acostarse y acomodar sus pertenencias, sin privacidad alguna, en medio de un ruido infernal constante, con escasez de agua y falta de instalaciones sanitarias, no tardaron en producirse las primeras infecciones intestinales y graves epidemias, transmitidas por las pulgas, piojos, chinches y ratas. La inanición y carencia de vitaminas, no tardaron en producir centenares de mortalidades diarias, por fiebre tifoidea, escarlatina y otros males.
En junio de 1942 los cuarteles se habían atiborrado tanto que hubo que ubicar a los nuevos contingentes de prisioneros en casamatas subterráneas, pasillos y mansardas. A los que en esa época llegaron del Reich a Terezin, en su mayoría personas mayores de relativa buena posición, los había engañado la propaganda nazi. Les habían prometido que en “Bad Theresienstadt” de la hermosa Bohemia encontrarían hogares para ancianos, con asistencia médica, buena alimentación, buen alojamiento y tranquilidad. Creyéndose a salvo de deportaciones, estos judíos habían dejado atrás todos sus bienes, y con su dinero habían reservado habitaciones con vista al lago, un lago inexistente, en este “gueto para personas mayores”. Muchos de ellos llevaron consigo vestidos con puntillas, fracs, sombreros de copa, parasoles, pero ninguno había pensado en traer cubiertos, ropa abrigada, mantas y provisiones. Terminaron sus días sucios, hambrientos y ateridos en glaciales altillos y en sótanos mojados. En pocos días habían contraído pulmonías, enteritis y otros males infecciosos, y murieron todos tendidos en fríos pavimentos.
Unos meses después comenzaron a llegar a Theresienstadt los así llamados “prominentes”, o sea personalidades sobresalientes por sus actividades públicas, rabinos y dirigentes comunitarios conocidos, médicos, artistas famosos, científicos de renombre, profesores distinguidos, y combatientes judíos del ejército alemán altamente condecorados durante la Primera Guerra Mundial. Desde el principio gozaron de mejores condiciones de alojamiento, de alimentación y trato, porque la maquinaria de propaganda nazi había previsto utilizarlos para mejorar ante el mundo la imagen del gueto Terezin y la suya propia. Algunos miembros destacados de este grupo fueron integrados al Consejo de Ancianos, pero ello no impidió que muchos de ellos también fueran deportados en cuanto dejaron de ser útiles a sus opresores.

Los niños de Bialystok
Los delegados de la Cruz Roja Internacional tomaron algunas fotografías de los niños mientras jugaban en los cuidados jardines de Theresienstadt, comprobando que estaban bien alimentados. Para dar esa impresión, desde semanas antes de su visita fueron literalmente cebados como reses. Cuando abandonaron el campo, las reses fueron llevadas a Auschwitz y sus cámaras de gas. 

En agosto de 1943 arribó en Terezin un contingente de 1.300 niños de seis a quince años de edad, proveniente del gueto de Bialystok, disuelto y quemado por los nazis después de un sangriento levantamiento de prisioneros en Treblinka. Los padres habían sido enviados a campos de exterminio. Los niños, puestos en vagones de ganado, llegaron a Terezin demacrados y en harapos. Parecían pequeños fantasmas. Tomados de la mano, fueron conducidos, en medio de una lluvia torrencial, a una estación de despiojamiento, a la que se negaron entrar, gritando ¡Gas, gas! Evidentemente estaban al corriente de lo que ocurría en los campos de concentración. La SS declaró un riguroso estado de sitio y prohibió a los habitantes del gueto todo contacto con los niños. Corrían rumores de que la SS planeaba enviarlos a Suiza para intercambiarlos por prisioneros de guerra alemanes. Los niños, una vez bañados, vestidos con ropa limpia y atendidos por médicos y enfermeras, fueron alojados en casamatas de madera. La salud de muchos mejoró. Aquellos que cayeron enfermos de gravedad, fueron enviados a la fortaleza chica, y asesinados. En la mañana del 5 de octubre las casamatas quedaron vacías. Por orden de Himmler los 1.196 niños restantes, junto con 53 médicos y enfermeras, fueron enviados a Auschwitz, y asesinados allí dos días después.

Los puntos sobre las íes
Decenas de miles de personas fallecieron o fueron asesinadas en Terezin. Otras tantas fueron transportadas a Auschwitz y otros campos de concentración, donde perecieron en cámaras de gas. Estos transportes continuaron durante casi todo el tiempo de existencia del gueto de Theresienstadt, hasta el 28 de octubre de 1944, y fueron motivo de constantes incertidumbres, ansiedades, temores, pánicos y desgarradoras despedidas.
A pesar de ello, y con todo lo que acabo de describir, sumado a lo que por razones de espacio permanece por ahora en el tintero, muchos prisioneros judíos desarrollaron en Terezin una vida cultural y artística memorable. A eso me referí en mi artículo “Un emperador en el gueto de Terezin”. Leyendo únicamente ese artículo, un lector poco avezado o, peor aún, un antisemita y negador del genocidio, podría deducir y aducir que en Theresienstadt todo fue jauja, fiesta y jolgorio. En cambio las cosas fueron muy distintas, y es hora de aclararlo para conocimiento de las generaciones venideras, y de llamar por sus nombres a todas las instituciones y personajes participantes de esta inmensa farsa.

Los comandantes.
El primero, Siegfried Seidl, se afilió al partido nacional socialista en 1930. En 1932 fue puesta en duda su pureza de sangre. Superado ese escollo, fue ascendiendo rápidamente en las filas de la SS. Paralelamente obtuvo un doctorado en filosofía en la Universidad de Viena. Fue comandante del gueto Terezin desde sus comienzos hasta el 3 de julio de 1943, en que por sus “méritos” fue enviado por Eichmann a Bergen Belsen, y “promovido” allí a jefe de la Gestapo. En Theresienstadt sobresalió por su brutalidad, por sus asesinatos, su corrupción, su ferocidad y la imposición de severos castigos corporales. Era un apasionado filatelista y amaba la música, de la que era un profundo conocedor. Durante su régimen fueron deportadas a Terezin 121.083 personas. Allí murieron 24.864, 16 fueron ejecutadas sin juicio, 21 lograron huir del gueto, y 43.875 personas fueron deportadas hacia el este. De ellas sobrevivieron solamente 248. Terminada la guerra, Seidl intentó escapar, pero fue aprehendido y ejecutado en Viena el 4 de febrero de 1947.
Junto a Seidl sobresalió por su crueldad y sadismo el asesino e incendiario Rudolf Haindl (1922-1948), quien estuvo en el gueto hasta su disolución. En 1945 huyó, pero fue arrestado en Salzburgo, transferido al tribunal de Litomerice, Checoeslovaquia, en 1948, y ejecutado ese mismo año.
El sucesor de Seidl, desde el 3 de julio de 1943 hasta el 8 de febrero de 1944, fue Anton Burger (1911-1991), autor en febrero de 1943 del envío 46.000 judíos de Salónica a su segura muerte en Auschwitz. Muy pronto se convirtió en figura temida por su crueldad y arbitrariedad. Odiaba especialmente a los judíos checos. Ejecutaba a prisioneros con sus propias manos, y él mismo redactaba las listas de deportaciones, incluyendo en ellas al decano y a otros miembros del Consejo de Ancianos. Por orden suya, desde la madrugada del 11 de noviembre de 1943 hasta altas horas de la noche, unas 40.000 personas tuvieron que esperar formadas, hambrientas y titiritando de frío, para ser contadas bajo una lluvia incesante y sobre el pasto mojado de la así llamada olla de Bohusovice. A medianoche, cuando las hicieron regresar al gueto cundió el caos, y unas 300 personas, en su mayoría ancianos y niños, perecieron pisoteadas. En Litomerice Burger fue condenado a muerte en ausencia. Capturado por los americanos y reconocido como comandante del gueto Terezin, logró escapar, primero en 1947 y nuevamente en 1951, y llegó a vivir en paz, bajo nombre falso, en Austria y Alemania, hasta una edad muy avanzada.                                                          
   El 8 de febrero de 1944 asumió el comando de Theresienstadt Karl Rahm (1907-1947), que permaneció en su cargo hasta el 5 de mayo de 1945, fecha en que se fugó del gueto con todos los demás SS, y Terezin fue entregado a la Cruz Roja. Había sido miembro de la Gestapo, actuado bajo el mando de Eichmann en la Oficina Central de Emigración Judía de Viena y luego en su equivalente de Praga como lugarteniente de Hans Günther (1910-1945), alias “el verdugo sonriente”. La primera misión de Rahm consistió en supervisar las tareas de “embellecimiento del campo”, iniciadas por Burger. A ellas nos referiremos con mayor detalle, así como a la visita de la Cruz Roja y a la producción de un famoso film. Rahm, un buen organizador, portador de una máscara de cordialidad, era más inteligente e hipócrita que sus antecesores en el cargo, y por esa razón más peligroso. En extremo irritable y cínico, golpeaba frecuentemente a los prisioneros, y supervisaba sesiones de tortura. Bajo su mando fue deportado en octubre de 1944 el mayor contingente de judíos a Auschwitz, 18.400 prisioneros en apenas un mes. Capturado en Austria, fue entregado a la corte de Litomerice, y ejecutado allí en abril de 1947.
Otro personaje que no debemos olvidar, que no fue comandante del gueto pero intervino en más de una ocasión en los destinos del mismo, es Ernst Möhs (1898-1945), ayudante principal y uno de los más cercanos colaboradores de Eichmann. Era él quien decidía la política de las deportaciones del gueto. Parece ser que fue él quien decidió el reemplazo de Seidl por Burger, porque pensaba que Seidl se entendía con Edelstein.
                                                                                                      
Los decanos del Consejo de Ancianos
El primero, como ya sabemos, fue Jacob Edelstein (1903-1944), ardiente dirigente sionista, nacido en Galitzia, proveniente de Praga, encargado allí de los intentos de emigración judía al Mandato Británico de Palestina. Pudo haberse salvado en varias oportunidades de su trágico destino, aprovechando las misiones que la SS le encomendó en distintos países europeos y en Palestina. Sin embargo siempre de nuevo decidió regresar a Praga, para ayudar a sus correligionarios. En 1939 había sido deportado a Nisko. Cuando ese proyecto fracasó, Edelstein pudo regresar a Praga, y en 1941 fue designado decano del Consejo de Ancianos, que en un principio contaba con 12 representantes. Su substituto fue el ingeniero Otto Zucker (1892-1944), una persona de muchos méritos y responsabilidades. Las actividades de Edelstein fueron motivo de controversias. En forma infundada algunos le reprochan haber colaborado con los alemanes, y hubo quienes criticaron su política, pero nunca pusieron en duda su honestidad e integridad. Otros lo consideran un héroe que se sacrificó por su pueblo. Era religioso, y cuidaba que también en Terezin se respetara el Shabat y las festividades judías. En sus tratos con la SS siempre demostró valor, a veces incluso habilidad. Manejado como un juguete y quebrantado finalmente por sus captores, se comportó siempre con hombría y nobleza. Entre los prisioneros gozaba de cierta popularidad.      
El 31 de enero de 1943, después de haber sido acusado por el comandante de alterar las listas de personas registradas en el gueto, Eichmann agradeció a Edelstein los servicios prestados, y lo reemplazó por el Dr. Paul Eppstein (1901-1944), recién llegado de Berlin, otrora dirigente de la comunidad judía del Reich, junto al rabino Dr. Leo Baeck (1873-1956). Edelstein fue designado como primer suplente de Eppstein, y el rabino Dr. Benjamin Murmelstein (1905-1989), otrora vicedecano del Consejo de Ancianos de Viena, de donde acababa de llegar, como segundo suplente. En realidad se constituyó así un extraño triunvirato, por cuanto el decano y sus suplentes entre sí, recelaban, intrigaban y desconfiaban el uno del otro. Se habían conocido antes de Theresienstadt, en Nisko y otros sitios, y en más de un sentido se despreciaban mutuamente.
 
La orquesta de Terezín

Eppstein, hombre de vasta cultura y distinguido sociólogo, de temperamento y formación judeo germana, decidió emplear ante los comandantes tácticas diferentes a las de su predecesor, optando por la obediencia y el cumplimiento de las órdenes al pie de la letra. Era ambicioso y laborioso, no desprovisto de un cierto histrionismo, pero la valentía no fue su cualidad más dominante. En su mirada se reflejaban el temor y la tristeza. Eppstein no carecía de sensibilidad, pero nunca hizo alarde de bondad o de calor humano. En el gueto su imagen era la de un hombre débil, de alguien que huía constantemente de un presente horroroso y de un ambiente de corrupción omnipresente, sin oponerse nunca a sus opresores. Así y todo era considerado un leal portavoz de los judíos.
El 18 de diciembre de 1943 Edelstein fue deportado a Auschwitz, donde él, su esposa Miriam y su hijo Ariel fueron colocados al principio en una barraca familiar. El 20 de junio de 1944 fue obligado a presenciar las ejecuciones de su mujer y de su hijo, y a continuación fusilado. Eppstein sufriría meses después un destino similar. El 23 de junio de 1944, cuando llegaron a Theresienstadt los delegados de la Cruz Roja Internacional, Eppstein fue obligado a acompañarles en parte de su trayecto y a presentarles un informe sobre el buen funcionamiento de las diferentes secciones encargadas del bienestar del gueto. Para la ocasión le suministraron un frac y un sombrero de copa, y pusieron a su disposición un lujoso automóvil. Lo que desentonaba era que tenía un ojo morado, debido a un golpe que le había propinado días antes el comandante Rahm.
El 16 de septiembre de ese año, con motivo del Año Nuevo Judío, pronunció un discurso singular ante unos 1.200 reclusos, que sin duda contribuyó a su deposición y ejecución. En esa época, con el avance del Ejército Rojo, el frente de guerra se iba acercando rápidamente, y corrían rumores en el gueto sobre la inminente derrota del Reich. Entre los prisioneros comenzó a notarse una cierta inquietud y optimismo prematuro, que amenazaba convertirse en rebelión. Consciente de la situación y sin negarla, Eppstein optó por calmar a sus oyentes por medio de la siguiente parábola:

“En el mar navega un barco con miles de pasajeros. Todos ellos están agotados e impacientes, porque el viaje ya dura mucho más de lo esperado. Por fin comienzan a ver la ansiada tierra firme, y el barco se va acercando a ella. Pero en lugar de calmarse, se ponen más nerviosos al notar que la nave avanza cada vez más lentamente. Se acercan al capitán y le preguntan cuándo podrán ingresar finalmente a puerto seguro. Con palabras e imprecaciones le exigen que acelere la marcha, pero el capitán no cede, los deja hablar, rezongar y maldecir, y no sólo permanece callado, sino que ordena aminorar la marcha aún más. ¿Por qué? Porque únicamente él sabe que en el trayecto a recorrer acechan minas peligrosas, y que debe tener extremo cuidado para que el barco no choque con ninguna. Es preferible que los pasajeros lleguen a buen puerto un poco más tarde, pero sanos y salvos. Como ese capitán también procedemos nosotros. ¡Confiad en nosotros! ¡Tened paciencia! Os guiaremos a todos hacia una nueva era. ¡Padre nuestro, Rey nuestro, inscríbenos en el libro de la vida buena!”

Paul Epstein
Eppstein había mostrado el texto de su discurso a Leo Baeck, y éste le había aconsejado prudencia. También lo había presentado a Rahm, sin que éste tuviera objeción alguna. El tema de la nave a la deriva también ha sido tratado en contextos similares por otras personas, entre ellas por el actor Karel Svenk (1907-1945) en una de sus canciones.
Al día siguiente de Yom Kipur Eppstein fue fusilado en la fortaleza chica, y sus restos llevados al crematorio. A su esposa le contaron que sería deportado al este. Diciéndole que Eppstein aún vivía, fue obligada a llevarle comida todos los días. En octubre ella fue deportada a Auschwitz, donde pereció en una cámara de gas. La eliminación de Eppstein, planificada ya desde algún tiempo, fue resuelta por los nazis, en vista de que se había convertido en testigo “incómodo” del genocidio. Ya entonces los SS comenzaban a buscar coartadas para el caso de una indagación en sus acciones y conductas apenas finalizada la guerra. Poco antes habían ordenado a Eppstein hablar desde una estación de radio alemana, para acusar a la aviación aliada de destruir una ciudad habitada por judíos, y grabar una cinta magnética con el texto de esa acusación. Un bombardeo del gueto a cargo de los ingleses hubiese sido la solución ideal para los nazis, que ya habían previsto la destrucción de Terezin y borrar todos sus rastros. Rahm había dicho: “después dirán que fuimos nosotros, y no los ingleses, los que destruimos el gueto”. Esta vez Eppstein se negó. “Sé muy bien que llegará el día en que ya no podré decir sí”, había manifestado a un amigo en cierta ocasión.
Después de la eliminación de Eppstein, ocupó su lugar Benjamin Murmelstein, nacido en Lemberg en el seno de una familia ortodoxa, rabino, doctor en filosofía, investigador, autor de libros sobre teología y uno histórico sobre Flavio Josefo. Personaje de gran cultura, muy controvertido, no cabe duda que este último decano del Consejo de Ancianos superaba netamente a sus predecesores en inteligencia, astucia, y capacidad política. De aspecto físico y temperamento desagradables, autoritario, implacable, frío, temido y odiado por muchos, a la vez que tildado injustamente de sumisión excesiva y cooperación con la SS, sus acciones demuestran una y otra vez que su preocupaciones mayores consistieron en el bienestar de los prisioneros y en la salvación de cuantas vidas fuera posible.
Con ese fin contribuyó activamente a la creación de numerosos puestos y ocupaciones que postergasen las deportaciones. Mas, con toda su sagacidad, y a pesar de que el 2 de octubre de 1944 Rahm le había asegurado la suspensión de los transportes, tampoco él pudo evitar las multitudinarias deportaciones de ese mes. Pudo, eso sí, apenas llegado a Theresienstadt, combatir eficazmente una terrible epidemia de tifus, e impedir que en vísperas de su abandono del gueto, la SS construyera en Terezin una cámara de gas y liquidara a todos los que aún quedaban allí. El 5 de mayo de 1945 Rahm entregó el gueto a la Cruz Roja y a continuación se fugó. Murmelstein dimitió de su cargo ese mismo día. Finalizada la guerra, fue arrestado bajo sospecha de colaboración, juzgado por el tribunal de Litomerice, pero declarado inocente y puesto en libertad en 1947. Allí se constituyó en testigo principal en el proceso contra Rahm, condenado a muerte ese mismo año. Murmelstein nunca más quiso desempeñarse como rabino y estar a la merced de los caprichos de directivos de una comunidad judía. Se asentó en Roma, logró crearse allí una buena posición económica, continuó sus tareas de investigador, y se dedicó a defender su buen nombre ante las acusaciones de Hannah Arendt y Gerschom Scholem, escribir varios libros sobre Terezin, entre ellos Il ghetto-modello di Eichman, y someterse a un extenso reportaje filmado por Claude Lanzmann, de próxima presentación pública, bajo el título de El último de los injustos, cuyo texto ya ha sido publicado.
No fue decano, pero ocupó un sitio importante en el Consejo de Ancianos el ingeniero Otto Zucker (1892-1944), dirigente sionista, destacado arquitecto y constructor de puentes, receptor de altas condecoraciones militares, buen violinista, frecuente opositor de Edelstein, inteligente y talentoso, de naturaleza pujante, se constituyó en defensor de numerosos reclusos, y exitoso protector de músicos y artistas plásticos. El 23 de setiembre de 1944 Rahm engañó a Zucker, y lo hizo deportar a Auschwitz con la supuesta misión de organizar allí un campamento de trabajo. En cuanto partió el tren fue esposado, y al llegar a destino asesinado y quemado. Días después fue deportada su esposa. Engañada también ella, llevaba gran cantidad de equipaje. Antes de partir Rahm le dijo al encargado del transporte: “Ésta es la señora Zucker. Le hago responsable de que esta noche esté en brazos de su marido.” Así fue asesinada también ella.

La configuración y organización del tiempo libre.
Ya describí anteriormente gran parte de las actividades artísticas y culturales desarrolladas por los prisioneros judíos en Theresienstadt. Ahora corresponde detenerme en su organización y funcionamiento. Existen noticias de que ya en diciembre de 1941 se habían organizado veladas de camaradería, acompañadas de conferencias, recitaciones y música ligera. Muy pronto fue prohibida la posesión de instrumentos musicales, pero prosiguieron las conferencias clandestinas. Sin embargo, y debido a que los artistas no obtenían licencias en sus secciones de trabajo como consecuencia de la escasez de sitios adecuados y de las prohibiciones de la SS, estas actividades fueron abandonadas. En febrero de 1942, así relata el rabino de Pilzen Dr. Erich Weiner (1911-1944), se le encomendó a éste, por recomendación de Otto Zucker, la organización oficial de la así llamada Freizeitgestaltung, o sea la configuración de las actividades de tiempo libre. Weiner mantuvo hasta el año 1943 un diario con detalles precisos sobre las tareas realizados en ese marco.
Si bien en un principio los jerarcas nazis se habían opuesto a la realización de actividades artísticas y culturales, no sólo cambiaron muy pronto de idea al darse cuenta de que éstas contribuirían a la creación de una imagen positiva de su “gueto modelo”, sino que las consintieron, apoyaron y promovieron, creando un organismo que las supervisara. Con el tiempo, con el auspicio del Consejo de Ancianos y bajo la dirección de Zucker, el Dr. Leo Baeck y el Dr. Emil Utitz (1883-1956), se fueron incorporando a este organismo, para la organización de espectáculos teatrales, conciertos y conferencias, más de 276 personas, entre ellas el abogado Dr. Moritz Henschel (1879-1947), el compositor Hans Krasa (1899-1944), el arquitecto, escenógrafo y artista gráfico Frantisek Zelenka (1904-1944), el músico Gideon Klein (1919-1944), el banquero, autor y coleccionista de pinturas Dr.Wilhelm Mautner (1889-1944) y muchas otras personalidades sobresalientes en diferentes especialidades.
Sus tareas consistieron no solamente en la organización de eventos, que debían ser aprobados por el comandante, sino también en la revisión de los textos que debían presentarles los autores y directores de las representaciones escénicas, una especie de filtro o autocensura destinada a evitar las iras y represalias de la SS. Así se explican los numerosos cortes que sufrió la versión original del libreto de Peter Kien (1919-1944) para El Emperador de Atlantis, ópera cuyo texto y representación finalmente fueron prohibidos por Zucker, al igual que la obra teatral El último ciclista, de Karel Svenk (1907-1945).

Las obras de embellecimiento
En vista de las repetidas diligencias de la Comisión Internacional de la Cruz Roja para la obtención de un permiso de visita al gueto, y bajo presión del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Cruz Roja Alemana, la SS ordena hacia fines de 1943 las “tareas de embellecimiento de la ciudad”. No apto para esas tareas, Burger es destituido por Rolf Günther. En su lugar es nombrado Karl Rahm, quien no tarda en participar de esta comedia con tenacidad, energía, e ideas propias. Como coordinador judío de las tareas de acicalamiento designan a Benjamin Murmelstein, y éste de inmediato se pone a trabajar empleando a la mayor cantidad de gente posible. Muchos acatan sus órdenes bajo protesta, pero es evidente que el astuto e impasible organizador convierte a miles de personas en operarios imprescindibles, a fin de postergar su deportación. Muchos le deben la vida. El embellecimiento del gueto se prolongará por más de medio año.

Instantánea tomada por uno de los miembros de la Cruz Roja Internacional.

Como primera medida se procede a limpiar y arreglar las calles, y reparar los edificios. Luego la plaza central de la ciudad, hasta entonces vedada a los judíos, es convertida en un hermoso prado con 1.200 rosales y primoroso césped. Frente al “café” erigen un pabellón musical, rodeado de bancos con respaldo. Después crean un parque infantil, cuyas hamacas son decoradas con figuras de simpáticos animalitos. Detrás del pabellón levantan un parque de diversiones, con calesitas, areneras y piscinas. En la sala de gimnasia de la antigua escuela acomodan una guardería para niños pequeños, con muebles nuevos, tobogán y otros juegos. En las esquinas de las calles aparecen maceteros con flores y carteles nuevos, tallados en madera, que indican el camino al banco, correo, biblioteca, cuartel de bomberos, baños públicos, etc. El antiguo edificio de educación física, Sokolovna, se convierte en centro comunitario, teatro y sinagoga.
Después le toca el turno a los patios interiores, polutos y abandonados durante las recurrentes epidemias. Una de las barracas es convertida en una confortable sala comedor. Las oficinas son redecoradas, y comienzan las mejoras interiores de algunas viviendas, provistas ahora de cómodos lechos, mesas, sillas, estantes para libros, y cuadros robados en las casas de los judíos de Praga. De pronto aparecen sábanas, almohadas y lámparas.
Especial atención es dedicada al equipamiento del hospital, y tampoco olvidan instalar salas de ceremonias en el recién creado cementerio. Pero antes Rahm dispone que 22.000 urnas, conteniendo las cenizas de otras tantas personas fallecidas en Terezin sean arrojadas al río Ohre. La lista de arreglos y mejoras es extensa. Se construyen incluso decorados que simulan frentes de cafés, teatros y negocios de todo tipo.
Para todas estas obras hay dinero suficiente, y Murmelstein emplea toda su imaginación para que el aspecto general de Terezin sea satisfactorio, y que los nazis no puedan hacer desaparecer del mapa el gueto después de haberlo mostrado. El único inconveniente reside en que el gueto está superpoblado, y que con tanta gente en todas partes resulta difícil apreciar la ciudad misma. Entonces Rahm recurre a la solución más simple, la deportación masiva a Auschwitz de miles de reclusos, mayormente ancianos o gente desnutrida y frágil, porque en las calles deben circular solamente personas bien comidas, alegres y bien vestidas.
Ahora está todo preparado para que lleguen visitas oficiales, empezando por una delegación de la Cruz Roja Internacional. Dejo esa visita para el final de este artículo, y me adelanto en señalar que los funcionarios de la SS la consideran tan existosa, que deciden coronarla con la producción de un film.
 
Tras concluir la representación de la ópera infantil El abejorro, que fue dirigida por su autor, el prestigioso músico checo Hans Krása, los niños actores posaron ante las cámaras de los delegados de la Cruz Roja en el escenario, muy bien decorarado, del "Teatro" de Theresienstadt. Ninguno sobrevivió.
                                 
La película
La idea de filmar una película sobre el “gueto especial” de Terezin surge por primera vez en mayo de 1942, al parecer para uso personal de Himmler. La dirección recae sobre Irena Dodalova, nacida en 1900, que sobrevivió Theresienstadt y falleció en 1990, en la Argentina. El guión, confeccionado por el pintor y poeta Peter Kien (1919-1944), consiste de escenas por demás realistas a partir de las experiencias de una familia judía desde su deportación al gueto, y sus peripecias en el mismo. Esta película cayó en el olvido. Aparentemente se perdió.
A comienzos de 1944, durante las tareas de embellecimiento del gueto, la SS vuelve a considerar la filmación de una película “documental”, pero esta vez sin realismo alguno, ya que los nazis saben muy bien a quien será destinada, y que será utilizada para mostrar a determinados organismos internacionales lo bien que en Terezin se trata a los judíos.
Kurt Gerron met Marlene Dietrich in “Der Blaue Engel”
El 25 de febrero de 1944 llega a Theresienstadt, desde el campo de tránsito nazi Westerbork, en Holanda, el prestigioso y experimentado actor y director Kurt Gerron (1897-1944), que había participado del estreno de La ópera de tres centavos de Brecht, y desempeñado un rol importante en el film El ángel azul junto a Marlene Dietrich. De inmediato es reconocido por Haindl, y éste le propina un golpe que le hace caer al suelo, y una vez allí lo acomete con una serie de violentos puntapiés.
Poco después de su traumático arribo, Gerron realiza en Terezin la puesta en escena de la ópera Carmen, dirigida musicalmente por Franz Eugen Klein. Días más tarde Rahm le ordena primero la organización de un cabaret, género en que ya ha demostrado su talento, y así nace el famoso “Karussell”, ciertamente merecedor de un capítulo aparte.
A continuación Rahm le “ofrece” la confección del guión y la dirección de la película, pero Gerron no está dispuesto a hacerlo, aceptando solamente después de reiteradas insistencias del Consejo de Ancianos, y convencido por Eppstein de que hay ofertas que no se pueden rehusar, como lo demuestran las gravísimas consecuencias del rechazo del escenógrafo Frantisek Zelenka. Hacía falta mencionar este aspecto, porque también en su caso no faltaron las malas lenguas que lo tildarían muy injustamente de colaborador.
Alterado su guión en más de una ocasión por los jerarcas nazis, vigilado y humillado constantemente por los mismos, Gerron emprende las tareas de dirección el 16 de agosto de 1944, pero es reemplazado en un momento dado por Karel Peceny al frente del equipo técnico de la firma checa Aktualita, especializada en documentales. Nunca se le permite a Gerron ver las escenas filmadas, ni tampoco asistir a las proyecciones privadas del film. Asustado, tenso, mas por momentos en su viejo elemento, encara su labor no sólo con profesionalidad, sino consciente de que su exigencia de participación de cerca de 17.000 personas posterga la deportación de las mismas. Eso ocurre en efecto durante la filmación, que finaliza el 11 de setiembre, pero no por mucho tiempo, ya que en octubre Rahm dispone la deportación masiva de 18.402 personas, más de un tercio en aquel entonces de los habitantes del gueto, incluyendo en ellas al propio Gerron, asesinado en Auschwitz el 28 de ese mes.
Se equivocan quienes atribuyen la orden de realizar la película a Goebbels, y también aquellos que afirman que el título previsto para el film fue El Führer regala a los judíos una ciudad. El título propuesto por Gerron es El gobierno autónomo judío en Theresienstadt. De este film y del anterior sólo se han recuperado fragmentos en distintos países. En cambio se conservan el guión y todo tipo de documentos relacionados con la filmación.

La visita de la Cruz Roja 
    Finalizadas las tareas de embellecimiento, se produce el 23 de junio de 1944 la ansiada visita a Theresienstadt de una delegación de la Comisión Internacional de la Cruz Roja, cuyos miembros permanecen en el anonimato en gran parte de la literatura que la describe, donde también suele figurar que fueron engañados. El cuadro que se pinta entonces es el de unos pequeños funcionarios, ingenuos, de inteligencia limitada, y no demasiado despiertos, constituidos en fáciles víctimas de la máquina de embustes nazi.
Los visitantes disfrutan de un partido de futbol.

Veamos ahora quienes son los miembros de la delegación. Dos de ellos son daneses, el Dr. Frants Hvass, jefe de la sección política del Ministerio de Relaciones Exteriores de su país desde 1940, y el Dr. Egil Juel Henningsen, médico jefe y máxima autoridad del Servicio Nacional de Salud del Ministerio del Interior y de la Cruz Roja Danesa. El otro delegado es el Dr. Maurice Rossel, ex-oficial del ejército suizo, representante de la Comisión Internacional de la Cruz Roja en Berlin. Los acompañan en su visita, de parte de la SS, el Dr. Rudolf Weinmann, jefe de la SIPO, policía de seguridad en el Protectorado de Bohemia y Moravia, Hans Günther, venido de Praga, su hermano Rolf Günther, Gerhard Günel, su lugarteniente, Ernst Möhs, el asesor criminal Rudolf Renner, de la SIPO en Copenhague, que habla danés, Karl Bergl, y Karl Rahm, el comandante del gueto. Salvo este último, que luce uniforme, los demás están todos vestidos de civil. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán está representado por el consejero de legación Eberhard von Thadden, y la Cruz Roja alemana por el Dr. Heidenkampf, que permanece en actitud totalmente pasiva. El único judío autorizado a acompañarlos en su recorrido por el campo, obligado a hacer las veces de guía y pronunciar ante los delegados una conferencia llena de embustes sobre el bienestar general y la labor de las instituciones del gobierno autónomo judío, es el Dr. Paul Eppstein.
El recorrido, previamente organizado en sus más mínimos detalles, dura desde las 11 a las 19 horas, e incluye visitas al tribunal autónomo judío, un hospital, una lavandería, una fábrica de pan en que los empleados trabajan con guantes blancos, un hermoso hogar infantil, un elegante comedor servido por camareras prolijamente ataviadas con delantales almidonados, un “casual” encuentro de fútbol, y la representación de una ópera infantil en la Casa Comunitaria. El almuerzo, del que Eppstein es excluido, tiene lugar en las oficinas del comando, en el que ahora hay un cartel que dice “oficina de servicios”. Por la tarde los delegados tienen ocasión de ver, además de los frentes de elegantes negocios, cafés, restaurantes y teatros, todos ellos de escenografía, el “banco”, el “correo” a la hora del reparto de paquetes, la “carnicería”, la carpintería, el cuartel de bomberos y los hermosos parques. Se les permite tomar todas las fotografías que quieran y realizar preguntas a los prisioneros daneses, pero no a los demás, pero eso no les molesta demasiado, porque lo único que les interesa son los de su país. Decididamente no los autorizan a ver la fortaleza chica. Después de esta visita la SS agasaja a los delegados durante varios días en Praga, con paseos, cenas y conciertos.
Tras concluir la representación de la ópera infantil El abejorro, que fue dirigida por su autor, el prestigioso músico checo Hans Krása, los niños actores posaron ante las cámaras de los delegados de la Cruz Roja en el escenario, muy bien decorarado, del "Teatro" de Theresienstadt. Ninguno sobrevivió.

Los miembros de la delegación elevan a Ginebra informes positivos sobre lo que han visto, y los datos declamados por Eppstein. Estos informes, considerados confidenciales, no fueron publicados en su momento, porque tanto los daneses como el suizo se habían comprometido con los nazis a no divulgar nada de lo presenciado.
Hvass, en su informe, alega que no se trata de un campo de tránsito, sino de una estación final, lo cual es una gran mentira. Cuando menciona las nacionalidades de los prisioneros, ignora totalmente la presencia de los checos. También dice que las condiciones son mucho mejores de lo que esperaba. ¿Qué es lo que esperaba? Dice que los prisioneros reciben 2.400 calorías diarias en alimentos, cuando en realidad apenas reciben la mitad, y que todos son vacunados contra enfermedades infecciosas, lo cual es una patraña. Afirma, entre otras necedades, que los reclusos cobran un sueldo por su trabajo. En general, concluye, la vida de los prisioneros y el aspecto de la ciudad son normales.
También Henningsen está satisfecho. Menciona, eso sí, la estrechez y el hecho que diariamente fallecen en el gueto de 10 a 15 personas, pero que el gobierno autónomo, bien provisto de toda clase de medicinas, resuelve con éxito los problemas de contaminaciones y epidemias. También él describe lo que ve como condiciones normales. En sus memorias de posguerra admite que él y Hvass naturalmente eran conscientes de que los alemanes les estaban presentando un cuadro idealizado. “Sabíamos con certeza, que tarde o temprano los alemanes leerían nuestro informe. Durante nuestra misión Hvass y yo tratamos este tema en profundidad, y nos pusimos de acuerdo sobre la importancia de actuar con moderación, como corresponde a representantes del gobierno danés.” Todavía en 1979 Henningsen se niega a responder cuando le preguntan si considera que en Terezin los representantes daneses fueron engañados.
Ahora veamos un poco. El director de la Cruz Roja Danesa entre los años 1939 y 1945, al que respondían los señores citados, era Helmer Rosting (1893-1945), miembro del partido nazi de Dinamarca, asiduo visitante de las oficinas del jefe de policía alemán de Copenhague y criminal de guerra, el SS Werner Best (1903-1989). Pero Rosting no era el único. En Dinamarca hubo más de 28.000 afiliados al partido nazi, y más de 6.000 daneses se enrolaron en la SS, asesinando en el este de Europa a tantos judíos como los demás. Hasta la fecha los daneses no permiten el acceso al registro de sus miembros. La carrera de Frants Hvass (1896-1982) no termina en Terezin. En 1948 es nombrado jefe de la misión militar danesa a Berlin, con el título de general mayor, y desde 1951 a 1966 se desempeña como embajador extraordinario y plenipotenciario en Bonn...
El informe de Maurice Rossel, representante de la Cruz Roja Internacional, exige un párrafo aparte.

“Nuestra sorpresa fue extraordinaria, al encontrar en el gueto una ciudad de vida casi normal. Lo más sorprendente, dijimos a los oficiales de la SS que nos acompañaban, es que hayamos tropezado con tantos obstáculos para obtener la autorización a una visita. Esta ciudad judía es realmente asombrosa. El gueto de Terezin es una sociedad comunista, regida por un Stalin de grandes valores, Eppstein... Nuestro informe no habrá de cambiar la opinión de nadie sobre la posición del Reich en cuanto a la solución de la cuestión judía...”, etc. etc.

Rossel elogia especialmente las guarderías infantiles y los hospitales, señala sin ruborizarse el excelente funcionamiento del correo, parece no darse cuenta de que los frentes de casas y negocios son decorados construidos por los nazis, y concuerda en muchos aspectos con los informes de la delegación danesa. Una diferencia fundamental consiste en que enuncia como productos de sus propias investigaciones los datos declamados por Eppstein. De este modo su informe toma un aspecto bastante más creíble, optimista y positivo que el de sus colegas daneses. Culmina con estas palabras: “Quien la visite, se encontrará con una ciudad de provincia perfectamente normal.”
Cuestionado por muchos, Rossel afirma que fue víctima de un engaño, y que si tuviese que escribir su informe nuevamente en la actualidad, volvería a hacerlo de la misma manera. Mas, tanto él como Hvass y Henningsen, todos ellos funcionarios de alto nivel, no eran tan tontos ni tan ingenuos como quisieron hacer creer a la posteridad. Como tantos otros que mienten descaradamente y dicen no haberse dado cuenta ni sabido nada de lo que estaba ocurriendo realmente, también ellos pretenden escudarse detrás de su supuesta y cómoda estupidez.
Meses después, Rossel decide visitar por su cuenta el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. No llega más allá del despacho de su comandante, que lo recibe muy afable y le ofrece café. Rossel no huele el humo ni ve los crematorios. En el camino se topa con un grupo de esqueletos humanos con ropa y gorras a rayas, guiados por un SS, pero no extrae de ello ninguna conclusión. Así lo relata en el reportaje de Claude Lanzmann, para su film “Alguien vivo pasa”.
Nunca fue más cierto que no hay más ciego que el que no quiere ver. Y no cabe duda de que en la mente de muchos, en su momento y aún hoy, el hecho de que los judíos estuvieran encerrados en guetos, y fueran deportados a campos de concentración, entra en la categoría de una situación perfectamente normal.
Como ya se dijo, el informe de Rossel no fue publicado, a causa del compromiso que éste había contraído de antemano con la SS y la Gestapo. No deja de ser interesante que la Cruz Roja también se haya abstenido de hacerlo aún muchos años después. A comienzos de 1945, con el consentimiento de Eichmann, y cuando el Reich se estaba desmoronando, la Cruz Roja Internacional volvió a visitar Terezin. El 5 de mayo, después de la fuga de Rahm, que significó el final del gueto, y ante la dimisión del decano del Consejo de Ancianos Benjamin Murmelstein, la Cruz Roja Internacional se hizo cargo de la administración de Theresienstadt durante tres días, hasta la llegada del Ejército Rojo, que se ocupó de la total liberación de los prisioneros supervivientes.
Por quién sabe qué méritos durante todo el período de la Segunda Guerra Mundial, le fue otorgado a la Cruz Roja Internacional, en 1944, el Premio Nobel de la Paz, que dicha institución recibió al año siguiente. Ya había recibido otro a fines de la Primera Guerra Mundial. Puede ser de interés para los lectores saber que, hasta el día de la fecha, a diferencia de la cruz y la media luna, sus emblemas clásicos, la Cruz Roja no reconoce el de la estrella de David, y que recién el 22 de junio de 2006 aceptó como miembro oficial al Maguen David Adom de Israel, no de buen grado, ni como gesto de buena voluntad, sino porque la Cruz Roja Americana la estaba presionando con la retención de los 42 millones de dólares que debía en concepto de sus contribuciones al organismo internacional.


Enlaces relacionados

«La poesía de Ilse Weber en el campo de Theresienstadt»


  
Grandes Obras de
El Toro de Barro
Amela Einat, LA CICATRIZ DEL HUMO, Biblioteca del Holocausto, Ed. El Toro de Barro, Carlos Morales Ed., Tarancón de Cuenca, España, 2004.
PVP: 10 euros Pedidos a:
edicioneseltorodebarro@yahoo.es
En un dramático–y real– camino de retorno, algunos de los 130 niños que sobrevivieron a Auschwitz viajaron de nuevo al escenario de aquel apocalipsis con un grupo de estudiantes israelíes de secundaria, en el que se encontraban sus hijas. El encontronazo de dos generaciones distintas con aquella memoria de dolor provocó una gigantesca catarsis individual y colectiva, cuya historia fue narrada por la psicóloga infantil Amela Einat en La cicatriz del humo, Esta novela coral pone de manifiesto las diversas formas de experimentar la presencia real de aquella tragedia en todas las generaciones del Israel contemporáneo, de cuyas patologías Amela Einat es una reputada e innovadora especialista



 






















 
 






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